Colombia registró en 2021 la tasa de homicidios más alta de los últimos siete años con 13.709 personas asesinadas, sin contar con los muertos en combates entre grupos armados y desaparecidos producto de las casas de pique de las llamadas «Oficinas de Cobro», un índice que muestra que en el país una nueva etapa de violencia está por comenzar, la pregunta es: ¿Realmente estamos preparados para una nueva ola de violencia criminal?
El comienzo del 2022 no pudo ser peor, más de 27 muertos en territorio colombiano producto de una vendetta narcotraficante entre miembros del ELN y las Disidencias del Frente primero y 33 de las FARC en Venezuela, todo por la muerte de José Noel Ortega Fandiño alias «El Cherry», narcotraficante y contrabandista que servía de contacto entre el ELN y las FANB, y que se produjo cuando viajaba en una camioneta Hilox Blanca cerca de Río Frío en el Táchira acompañado del comandante guerrillero Álvaro Padilla Tarazona alias «Mazamorro» y quien era segundo jefe máximo del «Frente Domingo Laín Sáenz» del ELN, ambos emboscados y acribillados como un mes antes habían caído también alias «El Paisa» y «Romaña» de la «Segunda Marquetalia», ante esto el ELN y el cártel narcotraficante de alias «Iván Márquez» se unieron en una guerra que promete sembrar ríos de muertos en otros departamentos, sin mencionar una posible disputa por los contactos narcotraficantes e inversionistas que tomarían partido por el control total del hampa.
Otro punto negativo fue el atentado con explosivos contra miembros del ESMAD en Cali y aunque los atentados terroristas no son nuevos en el país, los grupos narcotraficantes como el mismo ELN y la «Segunda Marquetalia» entienden el significado de crear terror y pánico cuando se sienten bajo presión o varios de sus líderes han sido capturados o dados de baja.
Durante el 2021 vimos diferentes tipos de ataques terroristas como los presentados contra la Brigada 30 del Ejército Nacional en Cúcuta y los ataques con explosivos contra miembros de la fuerza pública en lugares de influencia de grupos criminales, el “Clan del Golfo” por otro parte ha mostrado su capacidad de abarcar una gran parte del territorio nacional con su llamado «Plan Pistola» ejecutados en Antioquia, Chocó, Córdoba, Sur de Bolívar y en el departamento del Atlántico.
Por último, la creciente ola de atentados sicariales en las principales ciudades como resultado de las pugnas por el control de territorios ligados al microtráfico muestra que los tiempos de paz producto de acuerdos entre grandes bandas de crimen organizado están quedando atrás, debido a que han sido golpeadas por el gobierno por una parte y por otra por que han perdido el control sobre las pandillas debido a la ausencia de capital para sostener a los crecientes grupos criminales por lo que prefieren entrar en disputa por las zonas de venta de drogas y extorsión en las ciudades del país, aunque se ha hecho un trabajo por contener el alto número de homicidios producto de las guerras, la falta de propuestas para evitar que jóvenes sigan recayendo o sean reclutados a estas bandas criminales sigue siendo insuficiente y seguirán sumando en las estadísticas de muertos en el país.



