Es usual ver personas en cualquier lugar público hablando al parecer solas. Si nos abstraemos un poco y suponemos que un psiquiatra de principios siglo XX pudiera estar aquí entre nosotros, observándonos, sin duda afirmaría que la población humana del siglo XXI estaría sufriendo de los llamados soliloquios, que en esencia son trastornos psicóticos, que se manifiestan como respuestas a alucinaciones auditivas y que pueden estar presentes en pacientes esquizofrénicos… en todo caso una patología psiquiátrica. Pero no, no se trata de eso y aunque lo parezca, es el efecto colectivo del uso de los teléfonos móviles o celulares, tan corriente en la actualidad.
El impacto que estos aparatos han ocasionado en la vida social moderna es muy grande, así como ha sido positivo podríamos decir que también tiene sus inconvenientes.
Favorable en la amplitud, cobertura, oportunidad, conectividad y velocidad de las comunicaciones; negativo porque está propiciando que la sociedad mute hacia una mayor soledad en detrimento de la realidad y porque muchas normas de cortesía, decencia y buena convivencia están camino a la extinción porque se desvanece la persona física.
A quién no le ha sucedido que, al estar en medio de una reunión, de una conversación, de una clase, que uno o varios de los participantes estén presentes pero aislados en sus celulares, en otro escenario, con otros intereses, viendo, leyendo, escuchando otros asuntos, que sin importar si están o no relacionados solo a ellos importa.
Para muchos y a modo de disculpa podrán decir que tienen la capacidad de atender varios asuntos a la vez, lo cual dependiendo de lo que se trate puede ser muy dudoso y hasta riesgoso en extremo… ¿Confiaría usted en un médico que mientras hace una cirugía chatea con sus contactos? … solo por poner un ejemplo.
Por otro lado, están las buenas costumbres, esas que nos permiten convivir en sociedad minimizando situaciones de conflicto. Prestar más atención a lo virtual que a lo real nos puede conducir a excesos imaginativos. Debe prevalecer un manejo racional y equilibrado que permita diferenciar y usar las bondades de la virtualidad sin dejar de vivir la realidad.
Sería conveniente, con la especificidad requerida adaptar las lecciones del Manual de urbanidad y buenas maneras de Manuel Antonio Carreño, quien en esta olvidada obra muestra lecciones y consejos sobre cómo deben comportarse las personas en lugares públicos y privados, tales como el hogar, la familia, la escuela y el trabajo… sería maravilloso ponerlas en práctica y ajustar lo pertinente para quienes maleducadamente usan los celulares.
Según el portal – https://elidiomadelaweb.com/reglas-de-buena-educacion-en-el-uso-del-smartphone/ – el uso y abuso que hacemos de los teléfonos móviles nos lleva en demasiadas ocasiones a no ser educados. En resumen, se tendrían, al menos, las siguientes reglas de buena educación y cortesía, para un uso adecuado del teléfono celular:
Respeta a quien tienes enfrente, la persona que nos acompaña físicamente siempre tiene prioridad absoluta. No se coloca el teléfono encima de la mesa cuando comes acompañado y debe estar en silencio. El teléfono debe silenciarse o apagarse en lugares como los hospitales, el cine, las clases o el teatro, en general en muchos sitios, principalmente cerrados, donde tiene lugar un acto o evento que requiere silencio y atención. Ni la música a todo volumen, ni las conversaciones a voz en grito son aceptables en público. Respeta a los trabajadores en lugares públicos, hablar por teléfono o estar pendientes de la pantalla mientras nos atienden no sólo es desconsiderado con ellos, sino que además frena el servicio y obliga a otros a esperar más. El móvil es más elegante si va guardado, no es una joya o complemento del vestuario. No usar el teléfono mientras se conduce un vehículo o se realizan actividades peligrosas.
Por cortesía, es obligatorio respetar los horarios, llamar a cualquier hora es una severa desconsideración, como suele ocurrir con muchas empresas que sin miramiento alguno irrumpen la vida privada y el descanso; además, sin identificarse inician la conversación preguntando por la persona y sueltan una perorata sin importar si es de interés de quien recibe la incómoda llamada.
Finalmente, si bien los teléfonos inteligentes son quizá la herramienta popular y más avanzada del presente tiempo, su uso debe estar rodeado de principios éticos y morales. Además de las normas de cortesía descritas, debe ser tenido en cuenta, lo siguiente: no difundir mensajes sin conocer su veracidad, no usarlo para agredir o violar la dignidad y la honra de las personas, no transmitir noticias falsas ni amañadas. Igualmente, es muy criticable e ilegal grabar y difundir conversaciones sin el debido permiso.



