Coincidiendo con el inicio del año académico 2022, el 24 de Enero se conmemoró el día Internacional de la Educación. Una jornada que, para nuestro país, debería ser de una muy seria y responsable reflexión y toma de consciencia en un sistema educativo lejos de las demandas del mundo hodierno y que la pandemia hizo emerger todas sus falencias y caducidad.
Todos hablan de estructuras y hablan de gratuidad, pero nadie dice cual es el tipo de sistema educativo que queremos para nuestro país, la actualización pedagógica y académica de los docentes, la tecnología como herramienta fundamental de desarrollo pedagógico etc.
La educación es quizá uno de los indicadores más importantes al determinar el nivel de desarrollo de una Nación. Según el último ranking PISA, Colombia se encuentra en la posición número 58 de un total de 70 países. A pesar de que el país ha mostrado mejoras en los últimos años, lo cierto es que se sitúa muy por debajo del promedio en las tres áreas evaluadas: Matemáticas, Ciencias y Lectura.
Es una realidad que el sistema educativo no interlocuta con los estudiantes. La ministra de educación recrimina que más del 80% de los estudiantes colombianos del grado noveno, no son capaces de escribir un párrafo. Los horrores ortográficos son más que frecuentes y no solo en quien estudia, pero también en quien enseña. No les gusta leer.
Los contenidos son pobres y poco pertinentes. La generación de la champeta, reggaetón y del “perreo” o de los picó, no le gusta la poesía, las obras literarias, el teatro, la música clásica, estudian para lograr lo mínimo y pasar de año.
Vivimos en una era de mediocridad académica y educativa. El hacinamiento en los salones de clases no permite una educación personalizada que, a su vez, permitiría descubrir y potenciar las cualidades de los estudiantes. Esta educación descontextualizada hace que los estudiantes sientan un encierro de cuatro paredes el aula escolar. En la masa poco se puede hacer, ella tiene vida y ritmo propio, caos organizado y muchas veces desorganizado.
La educación es una condición necesaria para el desarrollo, la libertad, para la cultura que es la base de la Nación y en especial para la protección de la dignidad humana.
La educación es la llave para la democracia política, la justicia social y el desarrollo económico, los sistemas educativos no son la solución mágica para todos los problemas de la humanidad, sino la encargada de la formación de hombres y mujeres capaces de resolver sus problemas, no en es la solución sin continuidad, sino la construcción del conocimiento; no es egoísta pero tiene como base la tolerancia; no es formar al técnico asalariado sino las semillas del hombre que pueden crecer dentro de un estado de libertad económica. El sistema educativo no puede formar un profesional acabado, o sea que ha llegado al techo del conocimiento, sino que lo inicia en un proceso de educación permanente.
Para concluir diré que nuestra educación nos ha dado las herramientas necesarias para sobrevivir, y no para vivir, dentro de un entorno social, de profundos y constantes cambios, enmarcados dentro de una predominante globalización donde arriesgamos ser una isla abandonada.
El Papa Francisco animó la concretización del “Pacto Mundial sobre la Educación”: “Creemos que la educación es una de las formas más efectivas de humanizar el mundo y la historia. La educación es ante todo una cuestión de amor y responsabilidad que se transmite en el tiempo de generación en generación”.



