El ciclista colombiano Egan Bernal habló hoy frente a medios nacionales e internacionales mientras pedaleaba sobre una bicicleta sin movimiento y se mostró optimista por su evolución. “Hace dos meses estaba en una cama y no pensaba estar en estos momentos en los que estoy. Todo esto gracias al impulso de la gente”.
Reconoció que en un principio no era consciente de la gravedad de lo sucedido, por lo que ver la evolución que ha tenido es una motivación doble. “Yo no sabía qué cirugía iban a hacer. Cuando a mí me durmieron pensé que me iban a hacer una cirugía del fémur y ya está. Cuando me despierto y me preguntan que si puedo mover las piernas, la espalda, el brazo, entonces dije que fue más que el fémur. Ahí me empezaron a contar de a poco, la impresión, fue duro, me decían que era un milagro que estuviera con vida”, indicó.
Relató además que, “volver a la bici ha sido el mejor día de mi vida, poder montar con mis amigos, mi familia, mi mamá, mi hermanito, fue muy bonito, fue especial. Además, lo hicimos con el doctor que me operó la espalda, que fue una de las cirugías más complicadas que tuve”.
El actual campeón del Giro de Italia sabe que tiene otra oportunidad para vivir y no la quiere desaprovechar. Su recuperación ha sido rápida, ayudado por su juventud, los 25 años que han sido vitales para que en tan corto tiempo esté pedaleando, tras el trauma de cráneo leve, fractura de columna cervical no desplazada, perforación del pulmón con presencia de aire y sangrado en la cavidad torácica, fractura de la vértebra torácica t5 y t6 y fractura del fémur y de la rótula derecha, las lesiones que se dieron a conocer en los diferentes partes médicos.
Cuenta que el accidente lo colocó entre la espada y la pared. «Obviamente el ciclismo es mi vida, esto me apasiona, es lo que he hecho toda mi vida y es lo que quiero volver a hacer. Lo primero que yo pensaba era lo mismo, pero primero, quedar bien. En el momento pensé que el ciclismo vale huevo, primero mi vida y mi familia. Eso me duró una semana. Después empecé a mover la pierna, a sentir que tampoco vale tanto huevo. Incluso en la camilla de la UCI, cuando iban mi papá, mi mamá, mi hermanito o Mafe decía ‘hagamos unos trabajitos’. Ténganme la pierna y yo empiezo a empujar hacia abajo. Sabía los tiempos en que me daban la medicina para el dolor, calculaba y lo hacía antecitos, poder salir estando de pie fue también gracias a esa ayuda que me dio mi familia y esas ganas de empezar el proceso, así sea con esas cosas pequeñas, pero empezamos».



