Recordar es vivir, en septiembre de 2018, el expresidente Juan Manuel Santos Calderón sancionó la ley 1909 ó Estatuto de la Oposición, norma que tiene como fin darle las garantías suficientes para aquellos partidos políticos que consideraran oportuno efectuarles oposición a un gobierno municipal, departamental o nacional, dentro del marco de la libertad e igualdad en el ejercicio democrático.
En su normatividad, el “Estatuto de la oposición” es “…un instrumento normativo que garantiza la participación democrática de la oposición al gobierno de turno en los diferentes niveles territoriales. El Estatuto determina los recursos, las rutas de acción, las garantías y los medios que les posibilitan desempeñar una función crítica y alternativa a las acciones de la rama ejecutiva en el poder…”
En el fondo, es necesario visualizar la importancia de la oposición política, ya que ésta bien ejercida con argumentos válidos y apartando los rasgos diabólicos de oposición por interés, ayudan a un gobierno a mejorar, cuando ellos, les muestran las cartas del control con argumentos valederos, necesariamente ayudan a fortalecer los regímenes democráticos para no caer en poderes ilimitados que tiendan al totalitarismo.
La oposición no es obstaculizar la gobernanza, es una forma real de acción política y más cuando vivimos en un país polarizado donde se ha visto como por efectos de la política, la sociedad convirtió la oposición en un conflicto social con resultados nefastos en diferentes escenarios, en el hogar, la familia, el trabajo, los amigos, los vecinos, polarizados mucho más en la reciente campaña electoral por la presidencia, donde fue demasiado notoria y a pesar del triunfo de Petro, todavía existen rasgos de controversias propias de los malos perdedores que desean que al nuevo gobierno le vaya mal, para satisfacción de su ego enfermizo.
El presidente electo Gustavo Petro ha propuesto un “gran acuerdo nacional en torno a su Gobierno”, propuesta válida para incentivar la gobernabilidad cuando se trata de minimizar la polarización reinante, unirse en busca de la paz y de las medidas para la reactivación económica y social el país. Podemos parodiar dicha propuesta a la del estadista y humanista Álvaro Gómez Hurtado, quien por los años 90 impulsó un “acuerdo sobre lo fundamental”, que incluía todos los sectores políticos incluyendo a los desmovilizados del M-19, a fin de consolidar el país con mejores oportunidades y una sólida democracia.
Cuando la oposición se alía con el partido gobernante, debe hacerlo fuera del añejado contexto de “acuerdos programáticos” que normalmente son del orden burocrático donde se aumenta la corrupción y el nepotismo, y es allí donde se enaltece la posición patriótica del expresidente Álvaro Uribe quien expresó su apoyo a temas trascendentales que nos afectan geométricamente, así como las críticas constructivas a los postulados donde no están de acuerdo para la búsqueda de consensos, como la “superación de la pobreza, sin afectar el sector productivo, no hay que marchitar la iniciativa privada”, “La tributación tiene que ser amable”, “…se opone a “la idea de crear nuevos ministerios”, “Expresamos nuestra preocupación por el impuesto al patrimonio”, y en cuanto a la reforma agraria que propone Gustavo Petro, expresó , “…aquí necesita un balance entre una adquisición de tierras para comunidades campesinas y la protección a los sectores productivos del campo…”
Muchos conocedores del entramado político consideran que por ser “la política dinámica”, los cuatro años de Petro pasarán y los partidos y políticos tradicionales se reencaucharan y volverán nuevamente a sus andanzas, pero lo cierto es que a la luz pública y a futuro, no se ve un nuevo líder de la izquierda o de la derecha que pueda remplazar el duo PETRO–URIBE, algunos alegarán que RODO es la opción, pero dicha efervescencia momentánea se diluirá con el tiempo por no tener historia política nacional y su votación aglutinó a los votantes anti-Petristas, cosa que ya no sucederá en las próximas elecciones presidenciales.
Una buena oposición alimenta la real implementación de los planes de gobierno del ganador, ya que hacerla con argumentos es más difícil que plantearla con mayorías y para ello debe aprovecharse de todos los canales institucionales existentes en el ejercicio constitucional de una buena oposición, pero que no se convierta en oposición para mermelada, cuotas burocráticas y/o de contratos, que sin lugar a dudas sería el mayor adefesio de un grupo o sector político
Un buen gobierno perdurará en la historia si ejecuta sus propuestas sociales y económicas, pero para ello necesitará una oposición sólida, franca y realista, cuyas observaciones puedan implementarse para no caer en el fracaso, propio de un gobierno autocrático.



