¿Es justo para ciudad seguir experimentando? La respuesta a esta pregunta es más que obvia, a lo largo de muchos de estos últimos años, en los procesos ordinarios y en los atípicos es claro que nos hemos rajado a la hora de elegir y es que en esta ciudad, la gente no elige, los ciudadanos en su gran mayoría votan y ya, motivados en todos los casos por emociones, por sentimientos que van desde el amor, el hambre, la nostalgia, la decepción y la rabia. En los últimos tres casos, para no irnos tan lejos en el tiempo, estos impulsos nos han llevado a los garrafales errores que hoy nos dejan como una ciudad que ni lastima inspira.
El impulso que el departamento de Bolívar tuvo hace diez años con la administración de Juan Carlos Gosain es innegable, no justificando nada de lo negativo que se pueda decir de esa administración, es innegable, que le dio un estatus ejecutivo al cargo y que este estatus aumentó con el paso de Dumek Turbay por el mismo, es que lejos de la demagogia y el temor a los costos políticos se dio y se vio una gestión gerencial.
Para nadie es un secreto que mi posición política en lo que se refirió a las elecciones presidenciales estuvo claramente sesgada a Petro, y está posición la hice pública y fue de frente, cómo siempre he actuado, pero es claro que en lo que a la alcaldía de Cartagena de Indias se refiere, prefiero apuntar a un perfil con experiencia, capacidad de liderazgo, de gestión y estas cualidades no las he encontrado en quienes hoy blanden las banderas alternativas, no estamos para romanticismos ideológicos, los procesos son en absoluto diferentes y las deficiencias de la ciudad no están para ver qué pasa.
Es nuestra obligación ciudadana analizar cada falencia que hoy tiene el Distrito, todas saltan a la vista, hemos llegado al colmo de acostumbrarnos a la inseguridad, al sicariato, al mal estado de las vías, al mal sano juego con la contratación del PAE que atenta contra la vida de tantos niños en condición vulnerable, ni que hablar de nuestros viejos; o las personas en condiciones especiales tan olvidadas siempre.
Hablar de la actual Administración es llenarnos de tristeza, un tirano que pretende disfrazar su mediocridad con gritos y altanerías, mientras los que habitamos esta ciudad vivimos cundidos de pánico, por las situaciones que hoy son cotidianas y ya ni asombro nos causan.
Es triste ver que hoy no tenemos un Contralor en propiedad y que el proceso que nos devolvería esta figura se vio vilmente saboteado, por mezquinos intereses, es que después de ver a nuestra primera autoridad irrespetar al anterior encargado, pisoteando la institucionalidad de manera impune y ver cómo enaltece al actual, no me deja sino pensar que lo que a él le molestaba era no tener un Contralor en su bolsillo, aunque en apariencia estás decisiones no dependen del alcalde, la experiencia nos dice que lo que hoy vemos nos hace reafirmar esa sospecha.
Para superar todo lo que hoy vivimos debemos reflexionar y diferenciar claramente que queremos y que necesitamos, sin lugar a dudas, casi siempre caemos en el error de confundir estás dos y esto se da por lo que dije al principio, nos dejamos llevar por emociones y no por la realidad.
Hechos son amores y no buenas razones, quiero decir con esto, que de nada sirve decir falta todo lo que sabemos que falta, pero no hay gestión para subsanar nada.
No es solo plantearnos que alcalde elegir para una ciudad tan importante como Cartagena de Indias, es tener en cuenta que el Concejo tiene gran importancia y no podemos olvidar el alto precio que han pagado algunos cabildantes por defender nuestros intereses, la factura de cobro que se les pasó por las mociones de censura, el debate al tan sesgado POT, el del PAE, para solo hacer mención de algunos, fue por decirlo menos despiadado, sin contar con los agravios y epítetos de los que constantemente son víctimas.
Para nadie es un secreto que esta Corporación ha decaído de manera vertiginosa, sobre todo desde el paso de aquel joven concejal con inclinación a la “lectura” y quién arrastró con él a más de la mitad del Concejo de la ciudad, dejándonos una crisis administrativa y gran vergüenza nacional, el golpe fue duro y aún con la renovación de la entidad no ha podido recuperarse del todo.
¿Qué necesita Cartagena? Una gerencia con carácter, no con gritos y palabras de grueso calibre, eso es vulgaridad, actitud pusilánime de quién esconde con gritos su inoperancia, la ciudad necesita una visión ejecutiva, gestora y ejecutora y aunque aún faltan trece meses para las elecciones, es nuestro deber ciudadano analizar bien quienes están en la palestra, hoy son más de cuarenta los aspirantes, algunos se asoman tímidamente, otros llevados por la emoción de un triunfo etéreo, otros viendo que negocio sale de una posible aspiración y hay también quienes con bases y responsabilidad, además tener en cuenta que los coadministradores suman gran importancia.



