Lo impredecible de la naturaleza hace que no se pueda bajar la guardia frente a las recomendaciones que las autoridades permanentemente están haciendo a los ciudadanos, con el fin de evitar tragedias producto de una erupción. Lo que sí es claro es la importancia de mantener la calma al momento de reaccionar.
Dependiendo de la efusividad y la explosividad, es posible, aunque no seguro, que se perciba un pequeño movimiento sísmico. También es probable que se extienda el olor a azufre.
La principal recomendación para la gente es que permanezca en sus viviendas y evite, mientras haya abundantes emisiones de ceniza, mantenerse en la calle realizando actividades al aire libre o desplazándose. También es importante la protección con tapabocas y gafas al igual que el uso de paraguas, así como proteger las fuentes de agua que estén expuestas, como los tanques y recipientes.
A parte de las afectaciones por caída de ceniza y lapilli, sectores de la zona rural de Manizales se encuentran clasificados en amenaza alta, especialmente el área que bordea el margen del río Chinchiná, desde la desembocadura del río Claro. Por allí se prevé que baje material volcánico generando situaciones de alto riesgo para poblaciones ubicadas en esta zona, como la población de areneros, habitantes de fincas y condominios como Reserva del Campo; también los residentes de los sectores de la carrilera en el Kilómetro 41, El Retiro, entre otros.
Toda la comunidad que habita cerca de la ribera y está directamente involucrada con esta amenaza se encuentra censada, y en proceso de actualización. A su vez y de forma permanente, recomendaciones organismos de autoridades municipales para estar atentos a los Sistemas de Alertas Tempranas ubicados a lo largo de la ribera, así como también a las cadenas de llamados y medios de comunicación, lo que les permitirá estar al tanto de una evacuación buscando siempre las parte altas una vez reciban el llamado.
Este es el ABC que define el lenguaje utilizado por el Servicio Vulcanológico Colombiano con relación a estos fenómenos naturales.
Amenaza volcánica: peligro latente de que un evento de origen volcánico se presente con una severidad suficiente para causar daños y pérdidas.
Caída de piroplásticos: como consecuencia de las erupciones explosivas, los volcanes expiden a la atmosfera partículas fragmentadas (piroclastos) que, de acuerdo con su tamaño, se conocen como: ceniza (menor de 2 mm); lapilli (de 2 a 64 mm); bloques y bombas (mayor de 64 mm).
Piroclastos transportados por el viento: la ceniza y ellapilli son transportados por el viento hasta zonas alejadas del volcán (cientos o miles de kilómetros) y depositados por efecto de la gravedad cubriendo, en general, un área muy extensa. Su distribución dependerá de la dirección y fuerza del viento predominante.
Las caídas de piroclastos pueden causar:
- Oscurecimiento del ambiente.
- En la salud humana y animal: infecciones respiratorias, irritación de los ojos y las vías respiratorias y alergias.
- En las infraestructuras y viviendas: cubrimiento y enterramiento, obstrucción de drenajes artificiales, colapso de techos y líneas de conducción eléctrica, corrosión a elementos metálicos.
- En la agricultura y ganadería: pérdida parcial o total de cultivos y ganado, contaminación de fuentes de agua por sólidos y químicos.
- Tormentas eléctricas y afectación al transporte aéreo y terrestre.
Lahares (Flujos de Lodo Volcánico): corresponde a una mezcla de fragmentos de roca (puede presentar bloques hasta de más de 10 metros de diámetro), arena, limo, arcilla y agua que se desplazan por los cauces de las quebradas y ríos. Dependiendo de la relación entre agua y sólidos, se les denomina flujo de escombros. Los lahares varían en tamaño y velocidad, los pequeños son de menos de unos pocos metros de ancho. Los grandes pueden ser de cientos de metros de ancho.
Los lahares pueden causar:
- Arrasamiento y destrucción de vegetación, cultivos y de las estructuras existentes a lo largo de su trayectoria.
- Enterramiento y aislamiento pasivo y tardío de grandes extensiones de terreno, incluidas las infraestructuras ubicadas sobre las mismas.
- Relleno de cauces naturales y artificiales, inundación de las regiones aledañas.
- Por la velocidad y energía con la cual puede formarse un lahar, este es un evento muy peligroso y la probabilidad de sobrevivir a su impacto directo es mínima.
Gases volcánicos: antes, durante y después de una erupción los volcanes emiten cantidades importantes de gases, siendo en su mayoría vapor de agua, al cual se debe sumar ciertas concentraciones de CO2 (dióxido de carbono), SO2 (dióxido de azufre) y H2S (sulfuro de hidrógeno) entre otros. Generalmente estos gases se diluyen rápidamente en la atmósfera, de manera que no representan un peligro mayor para la salud humana. Una exposición prolongada a gases volcánicos puede provocar irritación de los ojos y problemas respiratorios.
Sismos Volcánicos: los sismos generados por la actividad interna de un volcán generalmente no son de gran magnitud, pero dependiendo de ésta y la distancia al epicentro se pueden ocasionar desde daños menores en la infraestructura y líneas vitales, hasta colapso de las mismas; adicionalmente, podrían generar diferentes tipos de movimientos en masa.



