Elegido Gustavo Petro Urrego, Presidente de la República de Colombia, hubo un momento que pensé era el oxígeno necesario para el país, después del desastre de Iván Duque y la asfixiada que nos tenía Uribe con su rosca toma todo «el que diga Uribe».
Esa expectativa positiva de la llegada de Petro al poder, ha desaparecido, por la serie de actos que hoy tienen a Colombia con los nervios de punta. No porque esté beneficiando a los pobres -que es demostrable no lo hace- sino porque está jodiendo a todos.
La gasolina, no da para más resistencia al bolsillo. La energía en la costa y su abuso, Petro se va en pura demagogia, no resuelve nada. Sube el diésel. El atropello con visos de «criminalidad» que hizo con la elección del rector de la Universidad Nacional, es lo más atroz que he visto. No le han dado la connotación que tiene, al «derramamiento de sangre» que realizó Petro a un proceso democrático imperfecto como todos, pero democrático.
El cataclismo de la salud de los profesores, que posiblemente ha llevado a muertes en el gremio. Petro, como si nada, señalando al mundo entero. En el desvarío presidencial, los congresistas hacen «cachichí», como ha quedado evidente el entramado corrupto de la unidad de gestión del riesgo y el Congreso. ¡Teso!
La próxima reforma tributaria que prepara Petro es insostenible para la clase productiva del país. Así venga con el cuento que es para los ricos. Nadie es tan estúpido para desconocer efecto dominó. El loco atropello de Petro «acribilla» a la clase media del país, que se ha empobrecido.
Muy a pesar de su cobardía, porque lo es, antagónicamente no maneja límites, sintiéndose empoderado en sublimidad. Lo está tanto, que se obsesiona en negarlo. No para allí el «desajuste mental» del presidente, sino su manejo incoherente de la oratoria, pudiendo terminar como Bucaram, expresidente del Ecuador.
Soy defensor convencido de que Petro debe culminar su mandato, elegido democráticamente por un defectuoso sistema electoral. Sin embargo sus disparates cognitivos mentales, alertan. El manejo del «exilio» de su pequeña hija, la no aparición estratégica de su señora, la reencarnación de Simón Bolívar, el decir que la eutanasia del joven hincha de Millonarios, era «emocionante» los cánticos, elevandolo a solidaridad. Cantidad de «locuras», que médicamente se puede decir con certeza que el hombre no está bien psiquiatricamente, lo cual debe ser corroborado por examen forense solicitado por la autoridad o ente competente.
En el Congreso de la República el tema de la «locura» de Petro es comidilla de pasillo, pero no hacen nada. Solo explotan a su acomodo la situación, mientras el país se desmorona. He sido testigo directo de congresistas que abrazan a Petro, más la opinión que expresan es «ese tipo está loco» ¡Congresistas!
El riesgo que está corriendo el país es inocultable ¡Lastima! alguien que pudo hacer mucho, terminó, al parecer «corriendo la teja». Ahora, de que dice algunas verdades, las dice, como el borracho.
No es el único político que necesitaría psiquiatra en Colombia; el asunto es que él es el Presidente. Si algo tienen en común Álvaro Uribe y Gustavo Petro, es que ambos necesitan darse su pasada por psiquiatría. Por el cargo, el más urgente es Petro.



