A solo un día de cerrar agosto de 2024, Cartagena de Indias se tiñe de rojo con 49 muertes violentas, 33 de ellas a manos de pistoleros que, sin reparo, desatan una ola de terror y violencia que inclusive cobra vidas inocentes sin discriminación. Esta escalofriante realidad deja en evidencia la profunda desconexión entre las declaraciones del alcalde Dumek Turbay Paz, quien se atrevió a afirmar que la inseguridad en Cartagena es «un concepto que debe revisarse», y la cruda verdad que enfrentan los cartageneros a diario.
El brutal asesinato de un hombre de 45 años a plena luz del día a escasos metros del emblemático Centro Histórico, es solo un trágico ejemplo de la escalada de violencia que ha envuelto a la ciudad. Este homicidio, perpetrado a menos de 24 horas tras las polémicas declaraciones de Turbay, se sumó a la ola de asesinatos que han sumido en el miedo a diferentes sectores de la ciudad dejando en claro que la seguridad en Cartagena no es una mera cuestión de percepción, sino un asunto de vida o muerte.
Durante el lanzamiento de las Fiestas de Independencia del 11 de Noviembre, Turbay aseguró sentirse seguro al caminar por la ciudad, sugiriendo que la inseguridad de la que muchos hablan no es más que una exageración. Sin embargo, las estadísticas pintan un cuadro aterrador: 49 asesinatos en agosto, una cifra que dobla los homicidios registrados en el mismo mes de 2023. Este alarmante incremento de más del 110% en homicidios no solo revela una crisis de seguridad innegable, sino que desenmascara la peligrosa negación de una realidad que está costando vidas.
Lo más indignante es que este tipo de declaraciones no son nuevas. En su campaña, Turbay se mostró implacable al criticar a la administración anterior por minimizar la inseguridad, tachando de incompetente a la entonces secretaria del Interior, Ana María González, por sugerir que el problema era de percepción. Sin embargo, hoy, en el poder, Turbay recurre al mismo discurso, subestimando los «factores que enlutan a la ciudad» como si las vidas arrancadas por sicarios no fueran una herida abierta para los cartageneros.
El “Plan Titán 24”, la supuesta solución de su gobierno a la crisis de seguridad, ha absorbido más de $14.000 millones en recursos, pero su efectividad sigue siendo un espejismo mientras los homicidios continúan desbordándose en la ciudad. Las calles de Cartagena, donde la muerte acecha en cada esquina, se han convertido en un campo de batalla donde la vida pende de un hilo, y las promesas de seguridad del alcalde parecen ser poco más que humo.
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El abismo entre las palabras de Turbay y la sangrienta realidad que sufren los ciudadanos no solo expone una desconexión alarmante, sino una profunda falta de empatía hacia una población que vive bajo el asedio del miedo. Mientras el alcalde pregona seguridad en medio de fiestas y fútbol, los cartageneros enfrentan una ciudad donde cada día es una lucha por sobrevivir.
La retórica vacía de Turbay, que busca vender a Cartagena de Indias como una ciudad segura y lista para celebrar todo tipo de fiestas, ignora la dura realidad sangrienta que se vive en las calles.



