La histórica Cartagena de Indias, conocida como «La Heroica», enfrenta una imparable ola de violencia que pone en jaque la seguridad de propios y visitantes. Mientras tanto, el alcalde Dumek Turbay, en su calidad de Comandante en Jefe de la Policía, parece estar más preocupado por organizar festivales gastronómicos, obras públicas y eventos deportivos, dejando de lado su obligación primordial: garantizar la seguridad de la ciudad.
El último episodio de sicariato, ocurrido en la tarde del miércoles 18 de septiembre de 2024 en la vía Cordialidad frente al barrio El Pozón, dejó a un hombre y una mujer gravemente heridos. Testigos afirman que las víctimas, que se desplazaban en un vehículo gris con matrícula de Turbaco, fueron atacadas por dos sicarios motorizados que dispararon en repetidas ocasiones contra el automóvil, impactando principalmente el vidrio trasero.
Los heridos, un hombre de 20 años según las autoridades con un historial delictivo y una mujer de 23, fueron trasladados de urgencia a un centro médico. A pesar de las investigaciones prometidas por la Policía y la Fiscalía, la ciudadanía siente que las respuestas siguen siendo insuficientes.
Este hecho se suma a una creciente lista de ataques sicariales en la ciudad que las autoridades atribuyen a guerra entre bandas criminales. Apenas un día antes, en el barrio El Líbano, otro hombre fue atacado a balazos frente a su vivienda.
La violencia se ha vuelto cotidiana, mientras la administración de Turbay parece más concentrada en la organización de eventos como la Fiesta de la Independencia y los partidos del Real Cartagena, ignorando las alarmantes estadísticas de criminalidad que tanto le criticaba al gobierno del alcalde saliente.
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La promesa de seguridad que Turbay esgrimió en su campaña se ha desvanecido, mientras la violencia se propaga sin control. La seguridad, un pilar básico de cualquier gestión gubernamental, ha sido relegada a un segundo plano, y el alcalde, lejos de reconocer la crisis, ha llegado a declarar irresponsablemente que “camina seguro por la ciudad” y que no entiende de qué inseguridad se habla. El tiempo se agota, y la violencia no se detendrá con celebraciones ni obras.




