A mediados de los años sesenta, la población de Cartagena de Indias estaba cada vez más alfabetizada. Esto facilitó la demanda constante de historietas o cómics, que venían principalmente de México. En aquel país, desde los años cincuenta, se dieron préstamos e intercambios de temas y personajes entre el cine, la radio y las historietas; y, entre los personajes más emblemáticos, apareció Kalimán el hombre increíble.
Fue en el Parque Centenario, donde se instalaron ventorrillos de alquiler de cuentos, paquitos, novelas, muñequitos, fotonovelas o cualquier otra designación que el público le diera a esta oferta impresa, que se actualizaba semana tras semana. Personajes como Arandú, Rarotonga, El Santo, Tamakún, Condorito, Chanoc, Orión, entre muchos otros, estaban dispuestos a luchar por la justicia y salvar a la humanidad del mal y sus manifestaciones insospechadas.
Una mención especial para las fotonovelas, que casi siempre, trataban melodramas centrados en el escarmiento social a la mujer descarriada. Aquella bonita enamorada de su propio violador; aquella que se prostituía para rescatar a la familia de la pobreza; o aquella exitosa profesional condenada a la soledad por atreverse a abandonar catre, cocina y crianza de los hijos.
Kalimán, el hombre increíble aparece como radionovela el 16 de septiembre de 1963 en RCN (Radio Cadena Nacional) en la Ciudad de México para responder a la competencia de la emisora XEW que lideraba la audiencia con el serial «La Tremenda Corte y su personaje estelar Tres Patines». Modesto Vázquez González y Rafael Cutberto Navarro se basaron en un personaje de poderes misteriosos, venido de un lugar indeterminado del Medio Oriente y con clara misión de salvataje junto al Pequeño Solín, su inseparable y valiente amigo.
De la radio salta a la imprenta y en México alcanzó tiradas de dos millones de ejemplares por semana. Los autores fundaron la Promotora K, en 1970, y con ello el personaje pasó al cine con Kalimán, El Hombre Increíble (1970) y Kalimán en el siniestro mundo de Humanón (1974) ambas dirigidas por Alberto Mariscal. Se proyectaron, una y otra vez, para una audiencia que se regodeaba con la misma historia. Siendo niño, vi estas películas en el Cine Miriam, en el barrio El Bosque. Estudiaba en el Colegio Fernández Baena, el cual, está empotrado en una loma, con altura suficiente, para divisar la pantalla del cine, pues, en aquella época, no tenían techo. Era cuestión de esperar la noche, llegar en mi bicicleta y a lo lejos ver a Kalimán cruzando las pirámides de Egipto montado en un camello.
Fototeca histórica virtual de Colombia
De la mano de mamá en el mercado público de Getsemaní, descubrí las historietas colgadas en alambres con la portada expuesta y aseguradas con ganchos de madera, tal y como si fueran ropa puesta a secar. “Serenidad y paciencia, mi pequeño Solín” aconsejaba sabiamente Kalimán de alquiler en el Parque Centenario.
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