El atentado ocurrido el pasado martes en el conjunto residencial Alameda Campestre, en el norte de Barranquilla, es un reflejo de la escalada imparable de violencia que azota la ciudad de Barranquilla desde hace dos años. En esta ocasión, el ataque estuvo dirigido contra Mairon José Bustamante Pérez, cuñado de Digno Palomino Rodríguez, líder de la temida facción criminal ‘Los Pepes’. Sin embargo, el brutal tiroteo también cobró la vida de Jorge Leonardo Gutiérrez Blanco, un hombre ajeno a las disputas criminales.
La ejecución fue planificada meticulosamente: los sicarios ingresaron en una camioneta Renault Duster, lograron vulnerar el esquema de seguridad del conjunto, y descargaron una ráfaga de disparos, alcanzando a Bustamante y a su acompañante. Gutiérrez Blanco, víctima colateral del ataque, murió en el acto tras recibir al menos 14 disparos. Mientras tanto, Bustamante, portador de las finanzas del grupo de Palomino, fue trasladado gravemente herido a una clínica donde sigue luchando por su vida.
El brutal ataque ha intensificado la ya feroz guerra entre ‘Los Pepes’ y ‘Los Costeños’, grupos criminales que se disputan el control del territorio y las rentas ilícitas en Barranquilla y su área metropolitana. En respuesta al atentado, desde las filas de ‘Los Pepes’ se difundió en redes sociales un mensaje amenazante: “…A partir de este momento comenzará una guerra sin retorno, o se acaban ellos o nos acabamos nosotros…”. Digno Palomino, líder de ‘Los Pepes’, prometió represalias directas contra la familia de su antiguo aliado, ahora enemigo, alias ‘Castor’, líder de ‘Los Costeños’.
Este enfrentamiento ha teñido de sangre las calles de Barranquilla, con más de 700 homicidios registrados desde que la guerra entre ambos grupos estalló en 2022. Solo en lo que va de 2024, las cifras de asesinatos han aumentado un 18% en comparación con el mismo periodo del año anterior, según datos de la Oficina de Seguridad y Convivencia Ciudadana de la Alcaldía de Barranquilla.
De los 247 homicidios registrados hasta julio de 2024, 203 fueron ejecuciones relacionadas con el sicariato, muchas de ellas atribuidas a la disputa entre ‘Los Pepes’ y ‘Los Costeños’. Estos grupos controlan vastas zonas de la ciudad y sus alrededores, imponiendo un clima de terror en la población. Las víctimas suelen ser seleccionadas por su vínculo con una u otra facción, y el ajuste de cuentas se ha convertido en la principal causa de muerte violenta en la región.
Las cifras son alarmantes: 98 asesinatos en Barranquilla en lo que va del año están directamente ligados a la disputa territorial entre estos grupos, mientras que otros 34 están asociados al tráfico de drogas. De los sicariatos, 72 se atribuyen a ‘Los Costeños’ y 35 a ‘Los Pepes’, en una guerra que parece no tener fin.
Mientras las autoridades siguen en una lucha desigual contra el crimen organizado, los ciudadanos de Barranquilla viven bajo la sombra de la violencia, temiendo ser las próximas víctimas de esta guerra sin tregua. Las promesas de las autoridades locales para frenar la ola de asesinatos parecen quedarse cortas ante el poder de estas facciones criminales, que siguen operando con impunidad y sembrando terror en cada rincón de la ciudad.
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Barranquilla, una ciudad vibrante y en constante crecimiento, se encuentra atrapada en un ciclo de violencia que no solo amenaza la seguridad, sino también el futuro de toda una comunidad que exige paz en medio del caos.



