En una reciente presentación que prometía revitalizar la costa de Cartagena, el alcalde Dumek Turbay y el arquitecto Fernando de la Vega dieron a conocer el ambicioso proyecto del Gran Malecón del Mar. Con una extensión de 8.7 kilómetros de primera línea de playa, este proyecto tiene el potencial de atraer inversiones significativas. Sin embargo, su lanzamiento ha sido recibido con críticas por la falta de innovación y la escasa participación de empresas, con solo 15 interesadas en un desarrollo que debería captar el interés de cientos de inversores tanto nacionales como internacionales.
El arquitecto de la Vega, conocido por su trayectoria, ha sido cuestionado por no incorporar lecciones aprendidas de proyectos similares en otros países. Expertos sugieren que una planificación más estratégica podría haber garantizado no solo la financiación del malecón, sino también beneficios económicos a largo plazo para la ciudad.
Uno de los aspectos más controvertidos del proyecto es su costo inicial. El estudio del malecón, con un precio estimado en $3.800 millones, ha suscitado críticas por su elevado monto. Muchos analistas argumentan que una subasta competitiva podría haber reducido significativamente este costo, permitiendo una mejor inversión en el diseño inicial. La falta de componentes generadores de ingresos, como viviendas y espacios comerciales, también plantea dudas sobre la sostenibilidad financiera del malecón.
El debate sobre la necesidad de ganar terrenos al mar ha reavivado la discusión sobre el desarrollo urbano en Cartagena. Históricamente, la ciudad ha transformado sus costas, pero expertos advierten que sin un enfoque claro en la generación de recursos, este proyecto podría convertirse en una carga financiera para el erario.
Para asegurar el éxito del Gran Malecón del Mar, es de vital importancia que los involucrados reconsideren su enfoque. La incorporación de islas artificiales y componentes comerciales y residenciales podrían ofrecer ingresos a largo plazo, evitando que el proyecto represente un costo para la ciudad.
La falta de un modelo de negocio claro podría hacer que el malecón se convierta en un lastre financiero. Sin embargo, si se gestiona adecuadamente, el Gran Malecón del Mar podría convertirse en un referente de desarrollo urbano sostenible, generando empleo y potenciando el turismo.
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La pregunta que persiste es: ¿Está la administración dispuesta a repensar su enfoque y adoptar estrategias innovadoras que conviertan el Gran Malecón del Mar en una realidad beneficiosa para todos los cartageneros?



