El presidente de Panamá, rompiendo todos los protocolos de seguridad, aterrizó en Cartagena y se fue de fiesta. La noticia de la noche fue cuando varios periodistas le devolvieron un fajo de dólares que dejó sobre la mesa.
- Por Luis Miguel Deavila Rodríguez
El 8 de noviembre de 1972, en plena temporada prenovembrina, el general Omar Torrijos, entonces presidente de Panamá, hizo una visita inesperada a Cartagena de Indias. Al parecer, quedó encantado con la reina popular de las fiestas, y al escuchar por la Emisora Fuentes —una de las más sintonizadas— que el baile de coronación tendría lugar en la caseta Tres Esquinas, administrada por Plácido Camacho, decidió no perderse el evento.
Su llegada causó revuelo en el gobierno local. «Él no nos había informado sobre esta visita», comentó en su momento el gobernador Augusto de Pombo, quien quedó sorprendido con la visita improvisada del mandatario panameño.
Torrijos, irrumpió en la caseta y se acercó a la mesa de los periodistas, ordenando ron en grandes cantidades para compartir. Al momento de retirarse, lanzó un fajo de billetes de dólares sobre la mesa como gesto de despedida.
«¡Cuidado con esa plata!», exclamó, indignado, el periodista Libardo Muñoz. Su rechazo fue secundado por Roberto Gamboa Rentería, entonces figura destacada del periódico El Universal. Los jóvenes periodistas que acompañaban a Muñoz y Gamboa, aunque inexpertos, siguieron su ejemplo, devolviendo el dinero a los guardaespaldas de Torrijos.
Una hora después, al reunirse todos los periodistas, se desató la controversia. Algunos debatían sobre quién había dado la orden de rechazo, criticando lo que consideraban un gesto «grosero y humillante» de Torrijos. Otros, en cambio, argumentaban que el dinero había sido ofrecido sin que se pidiera, por lo que no debían devolverlo. La tensión aumentó con la llegada de los hermanos Valderrama, quienes también se mostraron indignados por la devolución del dinero. Fernando Marimón Perea, corresponsal de Caracol y presente en la caseta, también rechazó el gesto.
Finalmente, Torrijos decidió retirarse de la caseta Tres Esquinas y se llevó consigo el dinero. Hasta hoy, permanece incierto cuánto había en el fajo de billetes ni quién exactamente dio la orden de rechazo. ¡Qué tiempos aquellos… Eso es lo sabroso de recordar!.



