El pueblo se vistió de luto en 1989 para despedir a Alejandro Durán Díaz, conocido como «El Negro Apa» Durán, uno de los mayores exponentes de la música vallenata. Su muerte marcó el final de una era en la que el acordeón, las letras nostálgicas y las historias del Magdalena Grande resonaban con fuerza en cada rincón de la región.
El sepelio de “Apa” Durán reunió a miles de personas, entre ellas figuras emblemáticas del género vallenato, amigos, seguidores y familiares. Bajo el inclemente sol de Planeta Rica, el féretro del primer Rey Vallenato de la historia fue cargado por un grupo de hombres entre los que destacaba Julio Rojas Buendía, dos veces ganador de la corona del Festival de la Leyenda Vallenata, y quien consideraba a Durán un maestro y una inspiración musical.
Durán, coronado Rey Vallenato en 1968, fue un precursor del vallenato tradicional, llevando al mundo historias de la vida cotidiana en su forma más auténtica. En el sepelio, los presentes acompañaron el cortejo fúnebre con música interpretada en acordeón, una despedida que él mismo hubiera aplaudido. Las notas de Altos del Rosario y Alicia Adorada, entre otras canciones que inmortalizó, llenaron de emoción las calles de aquel municipio.

Julio Rojas, visiblemente conmovido, expresó: «No solo despedimos a un hombre, sino a una leyenda que siempre será guía para los que amamos esta música». Su participación como portador del féretro simbolizó el respeto y la admiración que generaciones posteriores de músicos le profesaron a Durán.
El sepelio de «Apa» Durán no fue solo un acto solemne, sino un verdadero homenaje cultural, con el pueblo cantando, llorando y celebrando el legado de un hombre que logró contar la vida del Caribe colombiano con maestría. A 35 años de su partida, su figura sigue siendo una referencia obligada en la historia de la música vallenata.



