Los colombianos merecemos un mejor futuro, pero hacemos poco por alcanzarlo. Tal vez porque no comprendemos que el progreso de nuestras comunidades depende, en gran medida, de la transparencia y visión de sus dirigentes.
Un ejemplo claro es Montería, en el departamento de Córdoba. Hace tres décadas, Sincelejo, capital del vecino departamento de Sucre, atraía constantemente a comerciantes y compradores de toda la región. Sin embargo, con el tiempo, las dinámicas cambiaron, y Montería comenzó a destacar, impulsada por un proceso de transformación urbana y social.
El cambio significativo inició en 2008 con la llegada de Marcos Daniel Pineda a la alcaldía. Este administrador de empresas, con maestría en Acción Política de la Universidad Complutense de Madrid, transformó la relación de la ciudad con el río Sinú. Hasta entonces, Montería vivía de espaldas a este recurso natural. Pineda lideró el proyecto de embellecimiento de la Ronda del Sinú, convirtiéndola en uno de los parques lineales más importantes de América Latina. Este esfuerzo marcó el inicio de una nueva era para Montería, que comenzó a consolidarse como una de las ciudades más destacadas del país.
Pineda entregó el mando en 2012 a Carlos Eduardo Correa, un administrador de empresas con maestría en Mercadeo del Instituto de Empresa de España. Correa continuó la senda del desarrollo, aportando su propio estilo y consolidando los avances logrados por su antecesor. Posteriormente, Pineda fue reelegido, mientras Correa asumió el cargo de ministro de Medio Ambiente, reconocimiento a su gestión.
Por contraste, Sincelejo parece haberse quedado estancada. Su clase dirigente, más preocupada por intereses personales que por el bienestar colectivo, ha permitido el deterioro de su tejido social. Una ciudad que fue conocida como La Perla de la Sabana y La Capital Cebúística de Colombia ha perdido estos títulos debido al abandono y la falta de visión.
Mientras Montería destaca por haber elegido líderes que dejaron huella, en Sincelejo la historia es muy distinta. Algunos de sus ex alcaldes se han visto envueltos en escándalos de parapolítica, otros han terminado en prisión, y muchos han pasado por el cargo sin dejar un legado, centrados únicamente en el enriquecimiento personal.
Cartagena, capital del departamento de Bolívar, ha vivido situaciones similares. Su administración sufrió un golpe con la elección del narrador deportivo Campo Elías Terán Dix, quien, lamentablemente, enfermó y renunció en medio de un escándalo de corrupción. Desde entonces, una serie de gobiernos fallidos ha impedido que la Ciudad Heroica recupere su rumbo.
Estos ejemplos nos recuerdan la importancia de elegir gobernantes comprometidos y con visión de desarrollo. Es necesario dejar atrás la práctica de vender el voto, educar a las comunidades para que valoren la democracia y trabajar para erradicar la pobreza que rodea a nuestras ciudades. El progreso no llegará solo: requiere de líderes íntegros y ciudadanos conscientes que construyan, juntos, el futuro que merecemos.



