El alcalde de Sincelejo, capital del departamento de Sucre, Yahir Acuña Cardales, aprovecha cada visita a Bogotá para realizar una intensa ronda por los medios de comunicación más importantes, en un esfuerzo por visibilizar su gestión y a la ciudad ante el país. En estas apariciones, no pocas veces ha tenido que recurrir a su habilidad para manejar preguntas complejas y comprometedoras de los periodistas.

Esta semana se le vio especialmente tensionado cuando, en una entrevista con un periodista de Blu Radio, se le preguntó qué atractivo tenía Sincelejo para que alguien decidiera visitarla. ¿Qué podría ofrecer una ciudad sin lugares turísticos que llamen la atención?
Con el rostro visiblemente incómodo, el alcalde intentó dar una respuesta. Tras mencionar la Plaza de Majagual como único referente, no tuvo más remedio que ampliar el radio de su discurso y trasladarse imaginariamente fuera de los límites de su municipio: habló de los Montes de María, del Golfo de Morrosquillo, de Coveñas, del mar de Tolú, y llegó incluso al archipiélago de San Bernardo, que pertenece a Cartagena de Indias.
Esta escena expone una triste realidad: Sincelejo continúa siendo una ciudad sin identidad turística, huérfana de sitios emblemáticos por la falta de visión de sus mandatarios, tanto del pasado como del presente. La ciudad se ha resignado a ser un lugar de paso, perdiendo progresivamente su esplendor.
Los alcaldes de Sincelejo parecen ignorar ejemplos de transformación urbana exitosos en otras ciudades del país. ¿No han estudiado el caso de Bucaramanga, la “Ciudad de los Parques”, que revitalizó su entorno urbano creando más de 200 parques y zonas verdes, ahora convertidos en destinos turísticos y pulmón de la ciudad? o Montería, que en menos de dos décadas logró una impresionante transformación al desarrollar la Ronda del Sinú, aprovechando su río como eje estratégico, gracias al liderazgo de Marcos Daniel Pineda, quien fue alcalde en dos periodos y ahora es senador de la República.
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Quizás tampoco conocen el impacto que tiene el Central Park en Nueva York como modelo de espacio público o la historia de Venecia, que alguna vez fue un conjunto de pequeñas islas en el Mar Adriático y que hoy, sin calles ni automóviles, es un tesoro turístico mundial. El gran cantante francés Charles Aznavour inmortalizó esta ciudad con su canción Venecia sin ti.
Podríamos seguir mencionando otros casos, como San Remo y su famoso festival, o el prestigioso Festival de Viña del Mar en Chile. Mientras tanto, en Sincelejo, un evento cultural que alguna vez tuvo renombre, como el Festival de la Canción —donde brillaron figuras como Ximena y Manuel Fernando—, desapareció por la falta de apoyo institucional.
En lugar de resignarse, Sincelejo podría mirar hacia adelante y pensar en proyectos que realcen su identidad y atractivo: crear una gran zona boscosa con senderos diseñados cuidadosamente, desarrollar un Parque de las Estatuas, o consolidar una estrategia para preservar y destacar su patrimonio cultural e histórico.
Es urgente comprometernos con Sincelejo. No basta con ser un “buen vividero”; la ciudad debe convertirse en un lugar que atraiga la mirada de propios y visitantes, no solo por las corralejas o su pequeño centro histórico, sino por una oferta cultural y natural que inspire orgullo y curiosidad.



