La semana pasada, tras diversas dificultades originadas por la irresponsabilidad de algunos congresistas, finalmente se inició el segundo y último debate del presupuesto de regalías 2025-2026. Este asciende a 30,9 billones de pesos destinados a impulsar el desarrollo en las regiones. Sin embargo, como ya es costumbre, varios congresistas se retiraron, rompiendo el quórum. Esto provocó la indignación del parlamentario Alejandro Ocampo, quien los acusó de sabotear irresponsablemente el debate, pese a sus elevados sueldos de 40 millones de pesos y las falsas promesas con las que suelen hacerse elegir.
La actitud de los senadores y representantes está lejos de compadecerse con la realidad del pueblo colombiano. Se han convertido en una clase privilegiada que, en lugar de proponer ideas y aprobar proyectos —que es el rol fundamental del poder legislativo—, se dedica a ejercer una oposición absurda que, a largo plazo, frena el desarrollo del país.
No es aceptable que cada congresista reciba un sueldo de 36 millones de pesos, además de contar con Unidades de Trabajo Legislativo (UTL) y otras prebendas, mientras legislan para sus propios intereses. Olvidan que Colombia es un país de regiones históricamente empobrecidas. Estas regiones, sometidas durante siglos a la esclavitud, continúan hoy bajo la esclavitud del siglo XXI.
Un recorrido por la Costa Pacífica, desde Buenaventura —el puerto más importante de la Nación— hasta Tumaco, en el departamento de Nariño, revela un panorama desolador: un territorio sumido en la miseria. La escasa visión política de nuestra insensible clase dirigente recuerda el libro Políticos, los nuevos amos, que sostiene la necesidad de «una rebeldía ciudadana frente a una democracia degenerada».
En Colombia, persiste la creencia de que nuestro único deber ciudadano es votar cada cuatro años por candidatos impuestos por los partidos. Jean-Jacques Rousseau tenía razón al afirmar: “No puede haber patriotismo sin libertad, ni libertad sin virtud, ni virtud sin ciudadanos. Crea ciudadanos y tendrás todo lo que necesitas; sin ellos, no tendrás sino esclavos envilecidos, desde los gobernantes del Estado hacia abajo”.
Estamos muy lejos de seguir las recomendaciones del escritor español Francisco Rubiales en su libro Políticos, los nuevos amos. El clientelismo y la compra-venta del voto popular han envilecido a la comunidad, impidiéndole transformarse en una ciudadanía activa. Leer a Rubiales resulta esencial para entender la degradación de la política y la necesidad de regenerar la democracia.



