Aguachica, un municipio ubicado en el corazón del departamento del Cesar, se enfrenta a una escalofriante escalada de violencia y extorsión. Los ecos de la masacre reciente, que segó la vida de una familia de religiosos, aún resuenan en la comunidad, y lo que parecía un hecho aislado ha dejado al descubierto una grave crisis de orden público. Los habitantes, en especial los comerciantes y personas comunes, viven bajo el yugo de bandas criminales que imponen su dominio a través de extorsiones y amenazas.
La situación de inseguridad alcanzó un nuevo nivel el pasado 3 de enero, durante el sepelio de los pastores Marlon Yamith Lora, Yurlay Rincón y su hija Angela Natalia, víctimas de la violencia. En ese solemne acto, los miembros de la iglesia cristiana evangélica local fueron sorprendidos por una ola de llamadas extorsivas. Los delincuentes, sin piedad, exigieron grandes sumas de dinero a cambio de no atacar a los asistentes ni a sus familias, en un intento claro por someter a la comunidad a su voluntad. El miedo y la tensión fueron tal que muchos de los asistentes abandonaron la ceremonia, preocupados por posibles represalias violentas.
En medio de este caos, la figura del secretario de Gobierno de Aguachica, Isaac Holguín, ha cobrado relevancia, no solo por sus esfuerzos en tratar de recuperar el orden, sino también por las amenazas directas que ha recibido por parte de los mismos grupos criminales. Holguín, quien ha sido amenazado en al menos cuatro ocasiones en el último año, reconoció que estos ataques forman parte del «riesgo» inherente a su cargo, pero también destacó el valor y la determinación con que afronta la situación.
«Nosotros ya tenemos cuatro amenazas en solamente un año, pero bueno, hace parte del oficio en el que estamos, que sabemos que también tenemos el mérito del riesgo. La verdad es que a veces el amor por nuestras tierras supera a veces los miedos, pero bueno, rogándole a Dios que todo siempre esté bien», dijo el funcionario, con un tono de reflexión que refleja la gravedad de su situación.
Holguín no es ajeno a los esfuerzos de seguridad implementados en el municipio. Desde la Secretaría de Gobierno se han organizado caravanas de seguridad y caminatas con la colaboración de la Policía Nacional y el Ejército, así como se ha logrado la militarización parcial de la ciudad.
A pesar de estos esfuerzos, la violencia sigue latente, y las amenazas se intensifican con cada operación de la fuerza pública que busca frenar la actividad criminal en la región. Según Holguín, las bandas no solo lo han amenazado, sino que han enviado mensajes de texto y WhatsApp insultando a las autoridades e instando a cesar las operaciones.
«Los mensajes que nos han llegado tratan de presionarnos para que dejemos de atacar las estructuras delincuenciales. Nos llaman sapos y nos piden que soltemos la presión», relató el secretario, quien enfatizó la importancia de continuar con el trabajo conjunto de las autoridades para restaurar la paz en el municipio.
A pesar de su valiente enfrentamiento, el secretario Holguín no ha recibido el apoyo suficiente de la Unidad Nacional de Protección, una situación que le genera preocupación. Sin embargo, su confianza permanece firme, y se mantiene vigilante ante cualquier amenaza. «Seguimos con precaución, orando y confiando en Dios y en los amigos que siempre están atentos a informarnos de cualquier situación», concluyó.
El temor está instalado en Aguachica, pero la lucha por la seguridad continúa, aunque las bandas criminales parecen tener cada vez más fuerza. La respuesta de la comunidad y las autoridades será crucial para evitar que este espiral de violencia se convierta en la norma en una región que, por ahora, solo puede esperar un futuro incierto.



