Cartagena de Indias, la Ciudad Heroica y orgullo de Colombia, vive hoy una de sus crisis más alarmantes. Sus calles inundadas, vistas en todos los medios de comunicación, no solo reflejan los embates del cambio climático, sino también el peso de años de negligencia administrativa y falta de visión. Aunque las lluvias y el aumento del nivel del mar han sido señalados como los principales culpables, la verdad es que la raíz del problema se encuentra en una historia de ingobernabilidad que marcó una década.
Entre 2008 y 2018, la ciudad fue gobernada por ocho alcaldes en tan solo diez años. Este periodo estuvo caracterizado por la inestabilidad, la improvisación y la corrupción. Judith Pinedo Flores inauguró esta etapa sin ofrecer soluciones de fondo a los problemas estructurales de la capital de Bolívar. Luego llegó Campo Elías Terán Dix, conocido locutor deportivo, quien solo pudo gobernar dos meses antes de fallecer debido a un cáncer en 2013. A su muerte, el vacío administrativo dejó a Cartagena a la deriva, con mandatarios provisionales como Felipe Merlano y Óscar Brieva, que no lograron marcar diferencia.
Incluso el presidente Juan Manuel Santos tuvo que intervenir, designando a Bruce Mac Master como alcalde encargado. Sin embargo, la constante rotación de líderes debilitó aún más la capacidad de planificación y ejecución. Durante esos años, proyectos vitales como la canalización de los caños y el dragado de cuerpos de agua quedaron relegados, mientras la ciudad acumulaba rezagos en su infraestructura hídrica.
El resultado de esta década perdida se refleja hoy en cada calle anegada, en cada hogar inundado y en la angustia de sus habitantes. Cartagena de Indias, que alguna vez simbolizó resiliencia, ahora lucha contra la negligencia acumulada. Las inundaciones recurrentes no solo afectan la calidad de vida de sus ciudadanos, sino que también erosionan su imagen turística, exponiendo la falta de planificación urbana que ha caracterizado su gestión en los últimos años.
Con la llegada de Dumek Turbay a la alcaldía en 2023, muchas esperanzas han renacido. Su experiencia como gobernador de Bolívar le da credibilidad entre quienes confían en que pueda devolverle el rumbo a la ciudad. Sin embargo, no faltan las voces críticas que recuerdan con escepticismo su paso por la Gobernación. La Heroica necesita algo más que experiencia política: requiere liderazgo y decisiones valientes para abordar los problemas históricos que la aquejan.
Es hora de que surjan soluciones reales. La construcción de sistemas de drenaje eficientes, el dragado de los caños y lagunas, y un plan integral para mitigar los efectos del cambio climático no pueden esperar más. Cartagena merece que se priorice su bienestar, no solo por su importancia histórica o turística, sino por el derecho de sus habitantes a vivir en condiciones dignas.
La Ciudad Heroica está en una encrucijada. Ya no hay espacio para el desgobierno ni para la indiferencia. Su futuro dependerá de quienes estén dispuestos a enfrentar los retos con responsabilidad y visión. Esta ciudad, que ha resistido siglos de adversidades, debe volver a ser un ejemplo de resiliencia y transformación, no solo para Colombia, sino para el mundo.



