A menudo se cuestiona la utilidad de la música y la poesía, pero quienes lo hacen ignoran su poder para transformar emociones y conectar a las personas. Para mí, la música es vital; no puedo concebir la vida sin sus melodías. Más allá del entretenimiento, es un lenguaje universal que expresa sentimientos, evoca recuerdos y hasta alivia el estrés, una de las principales causas de enfermedades en la actualidad. Está comprobado que la música activa áreas del cerebro relacionadas con el movimiento y la emoción, generando bienestar en quienes la escuchan.
Hoy, más que nunca, necesitamos ese escape que nos ayude a sobrellevar el ajetreo diario. La música es un refugio en tiempos de crisis, una vía para liberar tensiones y encontrar consuelo. No es casualidad que convoque multitudes: Shakira agota boletería en cada ciudad que visita, Manuel Medrano llena escenarios en México y Carlos Vives hizo vibrar a Sincelejo en las Fiestas del 20 de Enero. No importa el género—vallenato, reguetón, salsa—, la música une y emociona.
Pero, así como nos llena de alegría, la música también nos deja momentos de tristeza cuando sus grandes exponentes se van. Hoy despedimos a Wilson Manyoma, una leyenda de la salsa que, a sus 76 años, nos dejó un legado imborrable. Su talento brilló con Fruco y sus Tesos y con los Latin Brothers, grupos con los que interpretó temas inolvidables como Dime qué pasó, Sobre las olas y Los charcos.
Sin embargo, su mayor éxito llegó con El preso, la icónica canción de Álvaro Velásquez, cuya voz Manyoma inmortalizó con una interpretación que aún resuena en cada rincón donde se escucha salsa. “Oye, te hablo desde la prisión…” es más que un coro; es un himno que trascendió generaciones y sigue vigente en la cultura musical colombiana.
Wilson, junto con Joe Arroyo y Piper Pimienta, abrió el camino de la salsa en Colombia y la llevó a la escena internacional. Gracias a ellos, nuestra salsa se consolidó en el panorama mundial, dejando una huella que perdura en el tiempo. Su partida nos duele, pero su voz y su música seguirán sonando, recordándonos que los verdaderos artistas nunca mueren.



