Cartagena sigue sumida en una crisis de violencia sin precedentes, donde el sicariato se ha convertido en un flagelo que aterroriza a sus habitantes a plena luz del día. El más reciente hecho de sangre ocurrió este miércoles 5 de marzo en el barrio 20 de Julio, donde un joven fue asesinado a tiros por pistoleros a sueldo. Este nuevo atentado, ocurrió a las 12:30 p. m., dejando tras de sí un rastro de dolor y desesperación.

Las escenas que se vivieron en el lugar fueron desgarradoras: gritos de impotencia, familiares aferrados al cuerpo inerte de la víctima y el eco de los disparos aún retumbando en la memoria de los testigos. La indiferencia de los sicarios, que actúan sin importar la hora ni el lugar, ha convertido las calles de Cartagena en un campo de batalla donde cualquier persona puede convertirse en una víctima más.
La ola de inseguridad que sacude la ciudad parece no tener freno. Mientras las autoridades insisten en que están reforzando las estrategias de seguridad, la realidad en las calles es otra. Comerciantes, transportadores y ciudadanos comunes viven con el miedo de ser alcanzados por una bala perdida, mientras los sicarios continúan ejecutando sus crímenes con total impunidad.
Este nuevo asesinato deja en evidencia la incapacidad del Estado para garantizar la seguridad de los cartageneros, quienes ven cómo la sangre sigue tiñendo las calles sin que haya soluciones efectivas. ¿Cuántas vidas más se deben perder antes de que se tomen acciones contundentes?



