Sincelejo está congelada en el tiempo. Su crecimiento se detuvo ante los ojos de propios y extraños. Da la impresión de que esta capital de departamento está condenada a vivir en la adversidad, sin dolientes que realmente se preocupen por su desarrollo.
Y si acaso ya nos hemos resignado a ser un caserío con algunos edificios, al menos deberíamos priorizar ciertas acciones para hacer la vida más amable a quienes habitan y transitan en este lugar. Un claro ejemplo del abandono en el que estamos sumidos es el transporte público. Se ha dicho hasta el cansancio que las busetas llegarían pronto, que su entrada en funcionamiento era inminente. Sin embargo, lo que sorprende es que no haya una estrategia seria para garantizar que este servicio sea eficiente, sostenible y competitivo frente al mototaxismo, que desde hace años se ha apoderado de la ciudad.
Hoy en día, hay aproximadamente 52 mil motocicletas transportando ciudadanos, quienes, pese a los riesgos, se han acostumbrado a este tipo de movilidad, sin importar que viajan completamente desprotegidos. La informalidad se ha convertido en la norma, mientras que el transporte público tradicional ha quedado relegado a la incertidumbre.
Si se quiere implementar el sistema de busetas con éxito, es imprescindible un trabajo de concienciación con la comunidad y, en especial, con los taxistas y mototaxistas, para que la convivencia en las vías sea posible. De lo contrario, las busetas no tendrán futuro en Sincelejo y la empresa que las opere quebrará por falta de pasajeros.
El mototaxismo es un fenómeno social que comenzó en el vecino departamento de Córdoba y se ha expandido a 26 departamentos del país. La Ley 336 de 1996 prohíbe su operación como transporte público en Colombia, pero la realidad es que las ciudades están llenas de jóvenes y adultos que han encontrado en esta actividad su única fuente de ingresos. No es raro ver a personas con empleo fijo que, en sus horas libres, salen a trabajar en su moto. Incluso hay profesionales desempleados que han recurrido a este medio de transporte ilegal para sobrevivir, ante la falta de oportunidades laborales y de programas que los incentiven a emprender.
Sin embargo, la informalidad no puede ser la única alternativa. Un sistema de transporte eficiente, seguro y accesible es la columna vertebral del desarrollo urbano y social. Facilita el acceso al trabajo, la educación y la salud, mejora la calidad de vida y dinamiza la economía local. Pero sin orden, esto no será posible.
Por ello, es urgente que las autoridades locales, la Secretaría de Movilidad y el alcalde asuman su responsabilidad. Aplicar las normas de tránsito con rigor es clave para organizar la movilidad. Debe restringirse la circulación de motocicletas sin casco, sin licencia o provenientes de otros municipios sin la debida documentación. Los comparendos no deben ser una amenaza, sino una herramienta real para garantizar el orden en las calles.
Sincelejo merece un transporte digno, seguro y moderno. No podemos seguir atrapados en el caos de la ilegalidad. Es hora de que la ciudad despierte y exija soluciones reales.



