La creciente ola de violencia que azota el municipio de Turbaco, en el norte de Bolívar, parece no tener freno. La reciente muerte de Jaison Gerónimo Aguilar Díaz, conocido como ‘El Casimbo’, a manos de sicarios, es un reflejo palpable de la situación de caos que vive esta comunidad, donde la vida humana parece ser cada vez más barata y la sensación de inseguridad se apodera de los habitantes.
El asesinato, de este hombre de 50 años, quien se dedicaba a la albañilería ocurrió en vía pública del barrio Paraíso, el martes 11 de marzo en horas de la tarde y es solo uno de los episodios más recientes de una serie de crímenes violentos que han marcado el día a día en la municipalidad. Lo escalofriante no es solo el hecho de que un hombre haya sido ejecutado a sangre fría en plena vía pública, sino también el mensaje dejado junto a su cadáver: un panfleto que amenaza a aquellos vinculados a otras organizaciones criminales.
En él, el grupo delincuencial «Salsas Mexicanos Nueva Generación» exige que los presuntos colaboradores de alias ‘Rafa Rasta’ abandonen el municipio en un plazo de 24 horas o enfrentarán consecuencias militares.
El panfleto es la clara evidencia de la guerra entre bandas delincuenciales que se disputan el control del narcotráfico y otras actividades ilícitas en la región. Lo que es aún más preocupante es que, según informan las autoridades, ‘El Casimbo’ había sido mencionado en un panfleto previo, también atribuido a la misma banda criminal. Este tipo de amenazas, sumadas a los continuos homicidios, siembra un miedo profundo en la población local, que cada vez más se siente atrapada entre el fuego cruzado de estas organizaciones.
Lo que preocupa sobremanera a los habitantes de Turbaco es la normalización de la violencia y la impunidad. La presencia de bandas como los «Salsas Mexicanos Nueva Generación» demuestra la fragilidad del control estatal en la zona y la ineficacia de las medidas de seguridad.
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La paz no se logra solo con operativos de seguridad; se requiere una estrategia integral que incluya educación, desarrollo económico y un sistema de justicia que haga sentir a la ciudadanía que la ley tiene el control, y no los delincuentes. Mientras no se actúe con firmeza y visión de largo plazo, los ciudadanos de Turbaco seguirán siendo rehenes de la violencia.




