Existe una clase privilegiada en Colombia que, aunque depende de los de abajo, siempre está a flote gracias a sus grandiosos sueldos. Aparentemente, algunos son parásitos de la sociedad. ¿Cuáles son los argumentos para pagarle a un congresista 48 millones de pesos mensuales, además de todos los beneficios, burocracia y otras prioridades que los rodean?
Sería ingenuo esperar justicia en medio de la injusticia, cuando el 60% de las personas en el país sobreviven con un salario mínimo. ¿Quién creó esos sueldos tan desproporcionados para la clase privilegiada del sector público, hasta volverlos intocables y prepotentes? No importa la situación del país: un congresista sigue ganando 48 millones de pesos. ¿Qué hace con tanto dinero? Corromperse más.
Recientemente, se archivó un proyecto que pretendía bajarle el sueldo a los congresistas. ¿Por qué un congresista no puede devengar, por ejemplo, 28 millones de pesos? Con ese ajuste, el país se ahorraría mensualmente alrededor de 5.500 millones de pesos. Pero, por supuesto, como ha ocurrido antes, el proyecto no pasará, porque arrastraría también a las altas cortes, donde los magistrados ganan sueldos similares.
La desigualdad comienza desde arriba, desde los poderosos que se olvidan del Pacífico colombiano, como es el caso patético de Buenaventura. Un puerto tan importante no está llamado a ser pobre. Pero los que mueven los hilos del poder lo usan para enriquecerse, mientras la nación sigue excluyendo a millones. ¿Cuándo se recuperará el ya erosionado tejido social?
Y todo ha transcurrido así durante más de 200 años de gobiernos de derecha aburguesada, que han dejado en evidencia la insensibilidad humana de una élite que se ha tomado la nación. Nada cambiará hasta que no haya una revolución cultural que despierte a los marginados y los lleve a reclamar su ascenso social —o incluso a tomárselo por la fuerza. El opresor nunca se pone en los zapatos del oprimido, y por eso surgen las verdaderas revoluciones.
Un dato para la reflexión: los congresistas de la Unión Europea ganan menos que los colombianos. Mientras el pueblo no se quite de encima esta clase política que le tocó en suerte, no habrá mejora en el poder adquisitivo de los colombianos. El país no encontrará el camino del desarrollo.



