Cartagena de Indias vivió una nueva jornada marcada por el miedo, la impunidad y el rugido de las balas. En menos de dos horas, dos jóvenes fueron asesinados en ataques sicariales ocurridos en los barrios La María y Santa María. Las escenas, cargadas de brutalidad, ocurrieron en plena vía pública y ante la mirada impotente de decenas de testigos.
El primero de los crímenes ocurrió hacia las 3:30 p.m. en la calle 46 del barrio La María. La víctima, un joven que vestía camiseta rosada y bermuda deportiva, caminaba por el sector cuando dos hombres en motocicleta lo interceptaron. El parrillero se bajó del vehículo, se le acercó y le disparó sin mediar palabra. Tres balazos, la mayoría dirigidos a su cabeza, lo dejaron sin vida de manera fulminante.
Los vecinos, asustados, relatan que el asesinato ocurrió en medio de una calle semivacía, pues muchos veían los partidos de la Liga de Campeones por televisión. Pero ni siquiera la distracción del fútbol logró evitar que las calles quedaran teñidas de sangre.
| Un segundo crimen: mismo patrón, diferente escenario
Apenas una hora y media después, la violencia volvió a estallar, esta vez en el barrio Santa María. Un hombre, también joven, vestía bermuda de jean y camiseta blanca. Fue sorprendido por un sicario que, con total descaro, lo abordó frente a una vivienda y le disparó a quemarropa, sin preocuparse por las decenas de personas que estaban en el lugar.
El cuerpo del hombre quedó tendido bocabajo sobre el asfalto, mientras el agresor y su cómplice huían en una motocicleta dejando atrás el rastro de otra muerte violenta.
Ambos crímenes, con patrones similares —sicarios en moto, disparos a la cabeza, ejecución inmediata—, reavivan el debate sobre el control territorial, la presencia de estructuras criminales y la capacidad real de respuesta de las autoridades.
La repetición de estos episodios pone en entredicho la efectividad de las acciones del Distrito para garantizar la convivencia ciudadana. Mientras tanto, los cartageneros viven con el miedo como compañero de ruta y la violencia como telón de fondo de sus tardes cotidianas.



