La pesadilla del suministro de agua potable vuelve a repetirse, y aunque Aguas de Cartagena anunció que ya fue reparada la fuga que dejó sin servicio al 25% de la ciudad este Jueves Santo 17 de abril, el riesgo sigue latente. Cada vez son más frecuentes los daños en la infraestructura hidráulica, y los ciudadanos temen que en cualquier momento vuelva a romperse otra tubería, dejando otra vez a miles sin el preciado líquido.
El más reciente daño se presentó en el barrio Henequén, al suroccidente de la ciudad, afectando a más de un centenar de barrios. Aunque la empresa activó su plan de contingencia y el equipo técnico trabajó sin pausa para solucionar la emergencia, la situación ya se ha vuelto una constante preocupante.
Tras la reparación, Acuacar comenzó a reactivar el bombeo desde la estación Albornoz hasta la planta de potabilización El Bosque, lo que permitirá, de forma progresiva, restablecer el servicio en el transcurso de las próximas horas. Pero lo cierto es que cada intervención es apenas un alivio momentáneo, y no una solución definitiva a la fragilidad del sistema.
Mientras la empresa agradece el “buen comportamiento” de los usuarios e invita al uso racional del agua potable, la ciudadanía exige respuestas más contundentes: ¿Cuánto tiempo más podrá Cartagena resistir un sistema que parece estar colapsando?
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Desde diversos sectores ya se pide una auditoría técnica independiente que evalúe la infraestructura y trace una hoja de ruta seria y a largo plazo. Porque si algo ha quedado claro tras esta nueva emergencia, es que Cartagena necesita más que parches temporales: necesita soluciones estructurales.



