La desaparición de Tatiana Alejandra Hernández, una joven estudiante de medicina vista por última vez la tarde del 13 de abril en una zona de playa en Cartagena de Indias, ha revelado un vacío alarmante en el sistema de seguridad de la ciudad: las cámaras públicas de videovigilancia en la avenida Santander, justo en la zona donde fue vista por última vez, están inactivas desde 2016.
Tatiana fue captada por última vez en una imagen grabada por un turista desde un vehículo en movimiento. En ella, la joven aparece sola, sentada sobre unas rocas frente al mar, en un momento de aparente contemplación. Esa imagen, obtenida por azar, se ha convertido en la única prueba visual sobre sus últimos momentos conocidos.
La ausencia de registros oficiales ha encendido las alarmas. Cartagena de Indias, uno de los principales destinos turísticos del país, carece de vigilancia activa en puntos estratégicos como los espolones de la avenida Santander, una zona altamente transitada por peatones y vehículos.
Según confirmó Jaime Hernández Amin, director de Distriseguridad, las cámaras instaladas en esa área clave no funcionan desde hace casi una década. Esta deficiencia estructural ha limitado significativamente el trabajo de la Fiscalía y la Policía Metropolitana en el rastreo del paradero de la joven mujer.
«Estamos dependiendo de grabaciones privadas porque las cámaras públicas no están en funcionamiento. Es un rezago grave en la infraestructura de seguridad ciudadana», reconoció una fuente cercana al proceso investigativo.
Actualmente, el caso se sostiene sobre videos de establecimientos comerciales cercanos a la zona donde se le vio por última vez. Estas grabaciones, recolectadas por la Fiscalía General de la Nación, no han sido divulgadas y están siendo analizadas con extremo cuidado en busca de pistas. Las autoridades aún no han confirmado si en ellas se ve a Tatiana desplazarse, si alguien la acompañaba o si ocurrió algún evento sospechoso.
El caso ha encendido el debate público sobre la capacidad real del sistema de videovigilancia en Cartagena. ¿Cómo es posible que una ciudad turística y estratégica no tenga cámaras operativas en una de sus principales avenidas costeras? ¿Cuántos otros casos han quedado en la impunidad por la falta de registros audiovisuales?
Para muchos ciudadanos, esta no es solo la historia de una joven desaparecida. Es también el retrato de una ciudad que ha perdido sus ojos, dejando a sus habitantes —y visitantes— desprotegidos en zonas que deberían estar bajo monitoreo constante.
Las autoridades han ofrecido una recompensa de hasta 50 millones de pesos por información que permita ubicar a Tatiana. Sin embargo, más allá del llamado a la colaboración ciudadana, el caso ha dejado en evidencia una deuda institucional con la seguridad y la tecnología.
Mientras su familia mantiene la esperanza de encontrarla con vida, y los equipos de rescate continúan las labores por mar y tierra, una pregunta más amplia comienza a tomar fuerza: ¿Cuántas personas más podrían desaparecer sin dejar rastro mientras las cámaras siguen apagadas?



