La noche volvió a teñirse de sangre en Turbaco. Madre e hijo fueron asesinados a manos de un sicario que ingresó a su vivienda en el sector Buenos Aires del barrio Paraíso, en un nuevo episodio de violencia que golpea a este municipio del norte de Bolívar. Lo más alarmante: el crimen ocurre en medio de una creciente ola delictiva que parece no tener freno y que se ha instalado sin respuesta efectiva por parte de la administración municipal.
Las víctimas fueron identificadas como Maura Gordon Puerta, de 36 años, y su hijo Juan David Rodríguez Gordon, de 21, quienes murieron de inmediato tras recibir múltiples disparos. Según el informe preliminar de la Policía Metropolitana de Cartagena, el sicario actuó con frialdad, irrumpiendo en la vivienda sin mediar palabra para ejecutar el ataque.
El barrio Paraíso, como otros sectores de Turbaco, lleva meses clamando por mayor presencia institucional, pero la reacción de la alcaldesa Claudia Elena Espinosa Puello ha sido, hasta ahora, tibia y protocolaria. A pesar de los múltiples hechos violentos registrados en lo corrido del año, no se han anunciado planes contundentes de seguridad ni intervenciones integrales que devuelvan la tranquilidad a los ciudadanos.
Vecinos del sector, consultados tras el crimen, expresaron su temor y frustración: “Aquí ya no se duerme tranquilo. No vemos patrullas, no hay operativos, y la alcaldesa solo habla cuando ya hay muertos”, dijo una residente que prefirió no revelar su nombre.
Mientras la ciudadanía se siente abandonada y presa del miedo, desde la Alcaldía no se han pronunciado medidas de choque concretas. No hay un plan articulado con las autoridades, ni estrategias visibles de prevención o inteligencia urbana. La ausencia de liderazgo en materia de seguridad comienza a pasar una factura dolorosa.
El crimen de Maura y Juan David no puede quedar reducido a una estadística más. Es un llamado urgente a que la mandataria local deje atrás el discurso de preocupación y empiece a actuar con firmeza. Turbaco no puede seguir siendo un territorio sin control, donde los asesinos se pasean impunes y los ciudadanos sobreviven entre la zozobra. La pregunta que muchos se hacen hoy es: ¿Cuántos muertos más necesita Turbaco para que su alcaldesa reaccione?



