En Cartagena de Indias el periodismo atraviesa una crisis de identidad. Bajo la administración de Dumek Turbay, la cobertura mediática parece más un publirreportaje permanente que una labor crítica e investigativa. Mientras los medios destacan reinados, farándula, proyectos, entregas y promesas, la otra cara de la moneda —las denuncias ciudadanas, los retrasos, la corrupción, la inseguridad— queda sepultada bajo el silencio editorial, bueno no en todos los medios. Algunos sacan la cara por la ciudad y merecen mi respeto.
En una ciudad con múltiples problemas estructurales, resulta alarmante la pasividad mediática ante decisiones polémicas o el manejo cuestionable de recursos públicos. ¿Dónde están las preguntas incómodas? ¿Dónde están las investigaciones de fondo? ¿Por qué los micrófonos se apagan cuando se trata de exigir rendición de cuentas?
La cercanía entre algunos medios y la administración levanta sospechas. ¿Es la pauta oficial la que dicta la línea editorial? ¿Están los medios defendiendo los intereses de la ciudadanía o simplemente cuidando sus contratos publicitarios u Ordenes de Prestación de Servicio?
Cartagena no necesita prensa aduladora, necesita periodistas valientes, incómodos, comprometidos con la verdad, no con las sonrisas en ruedas de prensa ni con las preguntas prefabricadas. Porque una prensa que no fiscaliza, legitima. Una prensa que calla, es cómplice. Y en Cartagena, el silencio de los medios frente a lo que incomoda es ensordecedor.
La democracia se debilita cuando la prensa deja de ser perro guardián y se convierte en mascota del poder. ¿Vamos a seguir permitiéndolo? ¿O exigiremos el periodismo que esta ciudad merece? La prensa cartagenera: ¿Cuida a la ciudadanía o cuida al alcalde? La pregunta está en el aire. Y el silencio… también arde.



