Si en Colombia llegara a convocarse una Asamblea Constituyente, sin duda los más afectados serían los actuales congresistas, especialmente aquellos que, como Efraín Cepeda, han permanecido en el poder durante décadas sin dejar un legado tangible para el país.
El senador Cepeda, empresario y político del Partido Conservador, ha sido elegido ocho veces al Congreso de la República. Sin embargo, su paso por el Capitolio ha estado más marcado por el continuismo y la defensa de intereses partidistas que por una transformación real de Colombia. Sus recientes declaraciones, en las que afirma estar dispuesto a “hundir” todas las reformas propuestas por el presidente Gustavo Petro, reflejan el profundo desinterés de una parte del Congreso por los cambios que reclama el pueblo colombiano.
Por eso, si se llegara a convocar una Constituyente, los ciudadanos tendríamos que mantener los ojos bien abiertos. No podemos permitir que los mismos políticos que han bloqueado el progreso del país pretendan participar en la redacción de una nueva Constitución. Sería contradictorio y, peor aún, peligroso.
Uno de los temas que más irrita a la ciudadanía es el elevado costo del Congreso. Cada congresista colombiano gana más de 45 millones de pesos mensuales, sin contar los beneficios adicionales: escoltas, pasajes aéreos, vehículos oficiales, entre otros. En 2022, el Congreso recibió un presupuesto superior a 630 mil millones de pesos. Una cifra escandalosa, especialmente si se compara con la realidad de un país en vías de desarrollo, marcado por la desigualdad, la pobreza y el abandono institucional.
Mientras tanto, nuestras regiones claman por inversión en educación, salud, infraestructura vial, vivienda digna y empleo formal. Pero estas prioridades quedan relegadas por una clase política clientelista, poco interesada en que Colombia avance hacia una nación más próspera y equitativa.
¿Para qué sirven los congresistas si, en lugar de legislar en beneficio de la ciudadanía, se dedican a proteger sus propios intereses y blindar sus privilegios? La Constituyente —si llega a concretarse— debe incluir reformas estructurales que el pueblo ha exigido durante años:
- Reducción de los salarios de los congresistas.
- Disminución del número de curules.
- Mayor control y transparencia en el manejo del presupuesto legislativo.
Colombia no puede seguir dilapidando sus recursos en un Congreso que ha dejado de representar al pueblo. Es hora de tomar decisiones valientes y pensar en el país que queremos construir.



