La ciudad luce distinta. A golpe de maquinaria, pintura nueva, cemento fresco y luces LED, Cartagena está cambiando su rostro. Las cifras lo dicen todo: más de cien obras entregadas o en ejecución, miles de millones en contratos, una aprobación que roza el 75 %. El mensaje es claro: la ciudad se está moviendo.
Pero mientras el concreto se seca, también se espesan las dudas. Porque detrás del frenesí de contratos, asfaltos y celebraciones, hay silencios que pesan más que los anuncios.
- Obras sí, pero… ¿a qué costo?
El nuevo malecón, los megacolegios, intercambiadores viales y la rehabilitación de parques son aplaudidos desde los gremios y sectores ciudadanos. No obstante, la manera en que se adjudican estos proyectos ha comenzado a levantar cejas.
En varios contratos de infraestructura hubo un solo proponente habilitado. No es delito. No es irregularidad. Pero ¿es casualidad? En una ciudad con amplia presencia de firmas constructoras y cientos de oferentes potenciales, la escasa pluralidad sorprende. Algunos procesos han incluido requisitos técnicos que pocos cumplen, dejando afuera a competidores.
Uno de los casos más comentados es el del Malecón del Mar, joya del plan de renovación urbana. Una exigencia incluida de último momento —una licencia poco común— dejó en la línea de partida a solo un consorcio. Nada ilegal, pero todo demasiado preciso.
- Comunicación brillante, sombras en los bastidores
La transformación va acompañada de una estrategia de comunicación robusta. Vallas, transmisiones en vivo, videos, redes sociales, artistas de talla internacional y millones en publicidad institucional hacen que el mensaje llegue… y cale. Pero mientras el show deslumbra, hay contratos que no se explican fácilmente.
Algunos medios independientes y veedurías han advertido sobre adjudicaciones directas a empresas relacionadas con nombres conocidos en la política local. El hermetismo frente a estas observaciones no ayuda. Tampoco lo hace el silencio oficial cuando se le pide claridad sobre cómo se estructuraron ciertos pliegos de condiciones.
- ¿Renacimiento urbano o maquillaje político?
El avance es innegable. Cartagena llevaba años anclada en la inercia. Hoy las obras están a la vista. Pero la pregunta no es solo cuántos contratos se ejecutan, sino cómo se hacen y quiénes se benefician realmente.
¿Es este el inicio de una Cartagena moderna y dinámica, o el reflejo de una política hábil que aprendió a vender resultados mientras concentra decisiones claves? ¿Progreso o control? ¿Obras públicas o marketing institucional? Las respuestas, por ahora, no están en los comunicados. Están en los detalles… y en las próximas licitaciones.



