
El 17 de julio se conmemora el Día del Investigador de Policía Judicial de la Fiscalía. Más allá del homenaje, expertos advierten que estos profesionales trabajan sin independencia técnica, con herramientas obsoletas y en medio de riesgos personales y presiones políticas.
En Colombia, hay una figura clave que suele pasar desapercibida, pese a ser esencial para que la justicia penal no sea una ilusión: el investigador de Policía Judicial. Este 17 de julio, cuando se conmemora su día —en coincidencia con la firma del Estatuto de Roma que dio origen a la Corte Penal Internacional—, la fecha sirve no solo para rendir homenaje, sino para lanzar una alerta sobre el estado crítico de esta profesión en el país.
Detrás del título hay hombres y mujeres que, desde sus escritorios, laboratorios o en campo, desentrañan la verdad entre expedientes, escenas de crimen y pruebas forenses. Pero lo hacen enfrentando una tormenta de obstáculos: falta de independencia técnica, sobrecarga laboral, tecnologías obsoletas, corrupción institucional y una profunda desarticulación entre actores del sistema judicial. Así lo denuncian expertos de la Universidad del Rosario.
“Queremos agradecer y reconocer a quienes realizan esta labor imprescindible. Su trabajo es clave para la consolidación del Estado de Derecho y la construcción democrática del país”, afirma Samuel Escobar, director del pregrado en Criminología e Investigación Criminal.
Pero el reconocimiento simbólico contrasta con la precariedad del día a día. Para Mercedes Cevallos, directora del Área de Investigación Criminal del mismo programa, el panorama es alarmante: “Los investigadores criminales no solo cargan con montañas de casos sin resolver, sino que lo hacen con pocas herramientas, escasa articulación con otras entidades y, lo más preocupante, presiones políticas que afectan su independencia y los ponen en riesgo”.
- Cuando investigar puede costar la vida
La labor del investigador criminal se torna especialmente peligrosa en casos de violaciones a derechos humanos o corrupción de alto nivel. No es raro que quienes se atreven a escarbar donde otros callan, reciban amenazas o sean trasladados a otras dependencias. A veces, incluso, terminan siendo investigados.
“La presión institucional, mediática y política es real. Por eso, desde la academia formamos investigadores con una base teórica sólida y un componente ético robusto, para que puedan mantener su objetividad frente a cualquier interés externo”, agrega Cevallos.
En muchos casos, ni siquiera hay herramientas adecuadas para seguir el rastro del crimen organizado. Sistemas de información fragmentados, falta de interoperabilidad entre bases de datos y una mínima incorporación de tecnologías como inteligencia artificial o análisis de redes criminales, impiden golpes certeros a las estructuras que sostienen el delito. “Golpear al crimen organizado sin tecnología es como cazar con los ojos vendados”, enfatiza Cevallos. “Y si además no protegemos a quienes investigan, todo el sistema se tambalea”.
- La justicia necesita cerebros jóvenes y ética fuerte
Ambos académicos coinciden en que el sistema judicial colombiano necesita una renovación profunda: más tecnificación, mayor independencia institucional y un relevo generacional con formación crítica.
“No basta con experiencia, necesitamos investigadores preparados para entender la criminalidad contemporánea: delitos financieros, ciberdelitos, redes transnacionales”, explica Escobar. Por eso, desde la Universidad del Rosario, impulsan una formación centrada en la ética, la investigación empírica y la comprensión del delito como fenómeno social complejo.
A través del programa de Criminología e Investigación Criminal, la institución busca preparar a una nueva generación de investigadores que no solo sepan cómo atrapar al culpable, sino que también comprendan por qué se comete un delito y cómo prevenirlo.
- Criminología vs Investigación criminal: dos frentes, una misma lucha
Mientras la criminología se ocupa de responder preguntas sobre el origen del crimen, sus factores sociales y cómo prevenirlo, la investigación criminal se centra en la prueba: ¿Quién lo hizo?, ¿Cómo lo demostramos?, ¿Cómo blindamos el proceso judicial?
En un país como Colombia, donde la impunidad es una de las mayores barreras para la justicia, ambas disciplinas deberían caminar de la mano. Y sus profesionales, contar con todo el respaldo del Estado.
“La justicia penal no puede sostenerse sobre las espaldas de investigadores mal pagos, desprotegidos y olvidados. Necesitamos un compromiso real, estructural y duradero”, concluye Mercedes Cevallos.
Una verdad incómoda en el Día del Investigador Judicial: el homenaje no basta. Hay que cuidarlos, capacitarlos y dotarlos de herramientas. Porque sin ellos, la verdad sigue oculta y la justicia se convierte en un espejismo.



