Emanuel Hernández, ciudadano estadounidense, protagonizó un escándalo en el aeropuerto Rafael Núñez y fue expulsado del país. Ninguna aerolínea quería llevarlo. Ahora no podrá regresar a Colombia durante 10 años.
Tras varios días de incertidumbre en la capital de Bolívar, fue finalmente deportado Emanuel Hernández, un ciudadano estadounidense de 42 años que causó graves destrozos en las instalaciones de Migración Colombia en el Aeropuerto Internacional Rafael Núñez. El incidente generó indignación ciudadana, pero también expuso vacíos críticos en los protocolos de expulsión de extranjeros con antecedentes violentos.
El hecho ocurrió luego de un altercado con funcionarios migratorios, en el que Hernández, visiblemente alterado, destrozó escritorios, sillas, computadores y otros elementos institucionales. Fue detenido en el lugar, denunciado por daño en bien ajeno y notificado de su expulsión inmediata del país.
Sin embargo, la medida no se pudo ejecutar de forma inmediata. Varias aerolíneas se negaron a venderle un tiquete, aduciendo riesgos asociados a su comportamiento previo. Esta situación prolongó su permanencia en Cartagena de Indias, mientras las autoridades migratorias buscaban una salida legal y segura.
Finalmente, una compañía aérea accedió a transportarlo a la ciudad de Miami, Estados Unidos, bajo custodia y vigilancia de Migración Colombia, cumpliendo estrictamente los protocolos establecidos.
Además de la expulsión, a Hernández se le prohibió el ingreso al territorio colombiano durante los próximos 10 años, una sanción que lo afecta profundamente, según lo expresó en una entrevista concedida al medio Impacto News.
“Lo que más me duele es no volver a ver a mis padres en Colombia durante diez años. Mi papá es un señor mayor, quiero estar cerca de él”, declaró con voz entrecortada el ciudadano estadounidense, quien vivió en Barranquilla entre los 9 y 14 años y asegura tener vínculos emocionales con el país.
En su testimonio, Hernández ofreció disculpas por su comportamiento y aseguró sentirse avergonzado y arrepentido. “No debí reaccionar de esa manera. Son cosas que pasan, somos humanos. Trabajo duro en Estados Unidos, vengo de una familia buena. Me considero colombiano y cometí un error que estoy pagando con toda mi alma”, dijo.
- Un detonante explosivo: calor, cansancio y un mal momento
Según su relato, la situación se desencadenó tras un largo y agotador viaje desde Orlando, con retrasos, esperas en Panamá, y una prolongada fila en el aeropuerto de Cartagena.
Hernández asegura que, al sentirse sofocado, decidió quitarse la camisa, lo que provocó que algunos funcionarios empezaran a grabarlo. Esto, según él, desató su ira por considerar que se estaban vulnerando sus derechos. “Me sentía mal, tenía calor, venía muy cansado. Cuando me empezaron a grabar, exploté. Pero no debí hacerlo”, relató.
- ¿Quién responde ahora?
Si bien el ciudadano ya fue deportado, los daños causados aún se están cuantificando. La Dirección Regional de Migración Colombia dejó constancia formal del incidente y será la justicia quien determine si Hernández deberá asumir los costos económicos de su comportamiento.
Además del debate jurídico, el caso deja al descubierto una laguna operativa preocupante: ¿Qué pasa cuando un extranjero debe ser expulsado, pero ninguna aerolínea lo acepta? ¿Quién cubre los costos y la custodia? Este tipo de episodios, que ocurren especialmente en ciudades turísticas, exigen revisiones urgentes de los protocolos binacionales e interinstitucionales.
La Alcaldía de Cartagena, por su parte, rechazó categóricamente el acto violento y celebró que, pese a los tropiezos logísticos, la expulsión se haya concretado. “No toleramos actos que atenten contra nuestras instituciones ni que pongan en riesgo la seguridad de nuestros funcionarios. Cartagena merece respeto”, indicaron voceros de la Secretaría del Interior y Convivencia Ciudadana.




