En una región donde la ausencia del Estado se convirtió por años en rutina y el conflicto dejó heridas profundas, una comunidad decidió no rendirse. Mango de la Púa II, Consejo Comunitario ubicado en la zona rural de San Estanislao de Kostka (Bolívar), vivió este 3 de agosto un día que marcó un antes y un después en su historia: una intervención estatal integral que devuelve la dignidad y la esperanza a sus habitantes.
El Gobierno de Bolívar, llegó al territorio no con discursos, sino con acciones. En el marco del Plan Integral de Reparación Colectiva (PIRC), más de una decena de entidades públicas y sociales se articularon para brindar atención, insumos y herramientas que hoy revitalizan el corazón de esta comunidad afrodescendiente.
El acto central fue la entrega de una dotación completa para la sede del Consejo Comunitario: computadores, impresoras, sillas, ventiladores, mesas y otros elementos que fortalecen su capacidad organizativa. Fue una escena poderosa. “Lo que hoy reciben no es un regalo: es una restitución de derechos”, expresó un funcionario durante la entrega.

Simultáneamente, la comunidad recibió atención médica, vacunación, servicios psicosociales, cortes de cabello, actividades lúdicas, talleres de prevención del abuso infantil, entrega de alimentos del Banco de Alimentos de Bolívar, bienestarina del ICBF, ropa, calzado y juguetes.
La intervención fue posible gracias al compromiso conjunto de la Gobernación de Bolívar, la Alcaldía de San Estanislao, la Armada Nacional, el Ejército Nacional, el ICBF, el Banco de Alimentos, y distintas dependencias de gobierno.
“Cuando el Estado llega con respeto y soluciones, se envía un mensaje poderoso: las comunidades no están solas”, dijo Iván Sanes, secretario de Paz, Víctimas y Reconciliación. El funcionario agregó que el gobierno del gobernador Yamil Arana Padauí mantiene una apuesta firme por reparar con hechos, no con discursos: «Reparar es dignificar. Y la dignidad empieza por escuchar, actuar y permanecer al lado de quienes más han sufrido».
En este caserío de caminos polvorientos y árboles de mango, la esperanza ha echado raíces. Hoy, los líderes comunitarios trabajan con herramientas nuevas. Las mujeres regresan a casa con alimentos, y los niños lucen zapatos limpios mientras juegan bajo el sol.
Mango de la Púa II comienza a reescribir su historia, no desde el dolor, sino desde la reparación. Porque cuando el Estado llega sin armas pero con servicios, con respeto y voluntad, la paz deja de ser promesa y se convierte en presente.



