La expresión «el cuarto poder» hace referencia a la prensa y a los medios de comunicación, destacando su influencia decisiva en la política y en la sociedad. Su papel no es menor: se le considera un contrapeso esencial frente al poder del gobierno, pues vigila, denuncia y fiscaliza las acciones de los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial.
Sin embargo, en Sincelejo, esta función ha sido tristemente traicionada por algunos seudoperiodistas que, por un simple mendrugo de pan, prefieren fungir como fieles escuderos del alcalde antes que cumplir con su deber de informar con responsabilidad e independencia.
Hace unos días, en el Parque Santander, el Colegio Nacional de Periodistas y la Asociación Colombiana de Redactores Deportivos (ACORD) convocaron a un plantón pacífico para visibilizar la preocupante situación que atraviesa el gremio en el departamento de Sucre. La intención era dignificar la profesión y exigir condiciones más justas para quienes ejercen el oficio.
Pero el alcalde Yahir Acuña, al enterarse de la convocatoria, citó a varios periodistas a su despacho. Y lo que debía ser una muestra de unidad gremial terminó convirtiéndose en una desbandada vergonzosa: más de 40 comunicadores acudieron al llamado del mandatario como ovejas al encuentro del lobo, dejando en el parque apenas a una decena de colegas comprometidos con la causa.

Es lamentable. Aquellos que deberían ser la voz de la ciudadanía terminaron actuando como voceros de un poder político que no admite crítica. ¿Dónde quedan los principios esenciales del periodismo: la veracidad, la objetividad, la humanidad y la responsabilidad?
Recientemente escribí sobre la crisis que atraviesan los periodistas en Sucre. Hoy confirmo, con desazón, que parte de esa crisis la provocan los mismos periodistas que deberían denunciarla. Son ellos —los 40 que atendieron sin reparo el llamado del alcalde— quienes boicotearon un evento que buscaba precisamente defender sus derechos.
El periodismo, lo he dicho siempre, es uno de los pilares fundamentales de la democracia. Por eso, es preferible una prensa incómoda, irreverente y libre, a una prensa sumisa, aduladora y corrupta.
El periodista, más que un oficio, encarna una vocación de dignidad. Su compromiso es con la verdad y con la ciudadanía, no con los poderosos de turno.
Resulta penoso y doloroso ver cómo algunos se han alejado tanto de esos principios. Me avergüenza llamarlos colegas. Y lo peor es que no parecen tener intención alguna de cambiar. Todo, repito, por una limosna política.



