Jorge Eliécer Gaitán y Luis Carlos Galán fueron dos grandes líderes liberales que lucharon por causas nobles que, en su momento, no fueron comprendidas ni respaldadas por muchos de sus propios copartidarios.
Galán fue un férreo opositor del narcotráfico y denunció los nexos de numerosos políticos con la mafia. Esta postura le granjeó la animadversión tanto dentro de su partido como del narcotraficante Pablo Escobar, quien finalmente ordenó su asesinato.
El crimen de Galán fue declarado de lesa humanidad, y su legado sigue vivo por su defensa incansable de la democracia y la transparencia. Fundó el movimiento Nuevo Liberalismo, buscando renovar al Partido Liberal e invitar a la ciudadanía a involucrarse en la política. Desde su tribuna pública, denunció a los jefes del narcotráfico, como Pablo Escobar y Gonzalo Rodríguez Gacha, lo que selló su destino.
Luis Carlos Galán fue un demócrata a carta cabal, con una lucha inspiradora para muchos jóvenes. Aspiró tres veces a la Presidencia de la República, pero los mismos liberales, temerosos de los cambios que proponía, le cerraron el camino en contubernio con otros partidos corruptos.
Su asesinato, ocurrido en plena manifestación en Soacha en 1989, apagó la luz de esperanza de un pueblo que entendió su mensaje y confió en su propósito de transformar a Colombia. César Gaviria, movido por la emoción del momento, recibió las banderas del galanismo y, luego, desde la Presidencia, implementó nuevas políticas para combatir el narcotráfico y promover la participación ciudadana.
El carisma de Galán se reflejaba en su cercanía con las comunidades, especialmente con los campesinos, a quienes exaltaba en sus discursos de plaza pública. En 2016, la Fiscalía pudo continuar las investigaciones gracias a la declaratoria de lesa humanidad, lo que llevó a la condena a 30 años de prisión del exdirector del DAS, Miguel Maza Márquez, por su participación en el magnicidio.
Hoy, Colombia sigue atada al subdesarrollo y estéril para parir líderes de la talla de Gaitán y Galán. Con las elecciones presidenciales cada vez más cerca, ni el Partido Liberal ni el Conservador cuentan con un liderazgo carismático y transparente que guíe al país hacia tierras fértiles.
Colombia debe despertar y entender que los depredadores de siempre no van a cambiar jamás. Siguen sintiendo que la nación es su propiedad privada y gobiernan junto a sus sátrapas, sin permitir el surgimiento de verdaderos líderes.



