El título de esta nota está inspirado en la obra del escritor Óscar Collazos, «Cartagena en la olla podrida», quien a su vez se inspiró en el libro de recetas de cocina cartagenera Cartagena en la olla, de Teresita Román de Zurek. Lo utilizo aquí para referirme a lo que públicamente se comenta sobre hechos de corrupción en el IDER, aunque jurídicamente deben llamarse presuntos hasta que sean comprobados por los entes fiscalizadores e investigadores. Dichas irregularidades, según denuncias, se vienen presentando en el Instituto Distrital de Deporte y Recreación de Cartagena (IDER), no solo en la actual Administración Distrital, sino también en gobiernos anteriores.
El IDER, al igual que su homólogo departamental, el IDERBOL, han sido dos instituciones que, además de no haber contado con directivos idóneos, históricamente han estado marcadas por el saqueo, la politiquería y la corrupción, más que por el cumplimiento de los fines para los que fueron creadas: el fomento del deporte.
De fuentes confiables —como las que solía citar el periodista Arturo Abella—, se conoció de un informe que la Contraloría Distrital de Cartagena tiene preparado, en el que, presuntamente, se presentan evidencias de irregularidades en contratos ejecutados a través de Edurbe. Dichas anomalías comprometerían al IDER y a otras dependencias distritales, con hallazgos que superan los $3.000 millones de pesos y que, además, reflejarían prácticas que violan directamente el artículo 92 de la Ley 1474 de 2011 y la prohibición expresa contenida en el Plan Nacional de Desarrollo 2022-2026, que restringe la intermediación en la contratación estatal.
En teoría, el director del IDER es Campo Elías Terán Humanez, designado por el alcalde Dumek Turbay. Sin embargo, tanto empleados como actores del deporte cartagenero saben que “Campito” no es más que un títere, destinado a quedar “empapelado” cuando salga del cargo —o incluso antes—, pues obedece al verdadero jefe: el alcalde, quien define a quién se nombra, a quién se compra, a quién se contrata, qué obras se ejecutan y a qué ligas deportivas se apoyan o se les retira el respaldo.
Antes de la llegada de William Dau a la Alcaldía de Cartagena (2020-2023), en la época en que entre encargados y designados hubo 11 alcaldes tras el escándalo de Manolo Duque, varios concejales —respaldados por la Casa Blel— recibieron tal cantidad de OPS en el IDER que lograron reelegirse con votaciones sorprendentes, suficientes incluso para alcanzar la presidencia del Concejo Distrital.
El IDER es un negocio con dueño y nombre propio. Allí operan personas y empresas que monopolizan la provisión de uniformes, trofeos, medallas, diplomas e implementos deportivos, casi siempre a precios muy superiores a los del mercado.
Finalmente, para magnificar y maquillar la gestión del Instituto, existe un listado de “influencers” contratados con ese propósito. Ellos han reemplazado a periodistas y comunicadores sociales que difícilmente se prestarían para aplaudir las barbaridades que se cometen en la olla podrida en que se ha convertido el IDER.



