La mecha la encendió un trino. Corto, demoledor y sin espacio para la diplomacia. El diputado José Félix García Turbay lanzó desde su cuenta en X un mensaje que hoy sacude el tablero político de Cartagena y Bolívar, dirigido directamente contra el alcalde Dumek Turbay Paz, su primo hermano.
“¿Cuál? Eres un chiste… te creen tus testaferros y cómplices”, escribió el diputado en respuesta a una tutela interpuesta por el mandatario para proteger su “buen nombre y honra”. La frase no solo cruzó la línea de la crítica política tradicional; introdujo términos que, en el lenguaje del poder, sugieren entramados irregulares y elevan el conflicto a un terreno de alto voltaje reputacional.
No fue un comentario aislado. Fue la chispa que terminó de detonar una confrontación que venía acumulando presión y que hoy tiene al poderoso apellido Turbay en el epicentro de una implosión pública.
El trino actuó como detonante, pero el combustible ya estaba regado. Días antes, García Turbay había apuntado con artillería pesada contra el alcalde Dumek al responsabilizarlo por las obras inconclusas del alcantarillado de El Carmen de Bolívar, ejecutadas durante su paso por la Gobernación. La cifra que lanzó cayó como dinamita en pleno ambiente preelectoral: 93 mil millones de pesos que, según el diputado, se “esfumaron”.
Habló de plata perdida, de infraestructura inútil y de una población obligada a convivir con aguas negras. En su relato político, el alcantarillado dejó de ser una obra fallida para convertirse en símbolo de abandono estatal y fracaso administrativo. “El Carmen huele a mierda”, dijo.
- Implosión familiar: el poder también se fractura
La confrontación no solo enfrenta a un alcalde con un diputado; revela una grieta profunda en una de las estructuras familiares influyentes de la región. La ruptura es doble. García Turbay también se distanció de su propio hermano, Lidio García Turbay, presidente del Senado y figura del liberalismo. No hay foto de unidad, ni tarima compartida, ni señales de reconciliación. El diputado decidió moverse a otra orilla política y respaldar un proyecto distinto, enviando un mensaje inequívoco: en la casa Turbay ya no hay mando único.
- Más voces, más fuego
El clima se volvió aún más tóxico cuando la diputada Karen Cure, en declaraciones que circulan ampliamente en video, calificó al alcalde de “ratero y corrupto”. Aunque se trata de acusaciones sin fallo judicial, el impacto mediático fue inmediato y empujó la controversia al radar nacional.
Así, lo que comenzó como un debate sobre infraestructura derivó en una guerra política familiar, con señalamientos cruzados, cifras multimillonarias flotando en el aire y una campaña electoral que parece haber comenzado antes de tiempo.
- “Esto va a explotar”
Durante sesión de la Asamblea de Bolívar, el diputado García Turbay aseguró haber entregado pruebas documentales —cheques, giros y registros— que, según afirma, comprometen el manejo de los recursos. “Estamos hablando de 93 mil millones de pesos que se esfumaron… hoy tenemos una población sumida en el atraso y la indignidad. Esto, en algún momento, va a explotar. No quedará así”, advirtió, al anunciar incluso la promoción de protestas sociales para exigir actuaciones de la Fiscalía.
El diputado fue más allá al denunciar una supuesta pasividad de los entes de control y una institucionalidad “corrompida por dentro”, afirmaciones que colocan la disputa en un terreno extremadamente delicado.
- Poder, apellido y supervivencia
La política bolivarense pasó de la tensión a la combustión abierta. El aire huele a pólvora electoral, a ruptura de lealtades y a una guerra interna que amenaza con redefinir el mapa del poder regional. Los estrategas saben que en año electoral ningún linaje es indestructible cuando el olor de las obras inconclusas se instala en la conversación pública. Y eso parece estar ocurriendo.
En el llamado bloque de poder familiar, las aguas turbulentas ya no corren por debajo: atraviesan el corazón mismo del liderazgo político. Las lealtades crujen. Las distancias se vuelven irreversibles. El apellido dejó de ser escudo.
Cartagena y Bolívar observan ahora un duelo que mezcla sangre, ambición y supervivencia política, donde cada declaración funciona como un artefacto explosivo y cada silencio como una jugada estratégica. El fuego está encendido. La guerra dejó de ser un rumor para convertirse en un hecho. Y todo indica que este no es el desenlace… sino el primer capítulo de un conflicto que apenas comienza.




