La escena ocurrió a plena luz del día, en el corazón turístico de Cartagena, y desató una ola inmediata de indignación.
Este lunes 10 de febrero, el exalcalde William Dau Chamat fue víctima de un tocamiento indebido en las nalgas en plena vía pública, un hecho que muchos califican como humillante, provocador y absolutamente intolerable.
El episodio se registró en los alrededores del Palacio de la Aduana, una de las zonas más concurridas del centro histórico. Allí, ante la mirada de transeúntes y turistas, un hombre identificado como Jaime Herrera Pérez alias «Rasqui», contratista de la actual administración distrital se acercó al exmandatario y lo tocó sin su consentimiento y en un acto premeditado.
Las imágenes que luego circularon en redes sociales muestran que Dau Chamat, en un primer momento, intentó mantener la compostura. Pero cuando el acto se repitió, su reacción fue inmediata: molestia, indignación y un reclamo claro frente a una agresión que cruzó todos los límites del respeto.
- Grabado, difundido y repudiado
Según testigos, el hecho no fue casual ni aislado. Un acompañante del agresor grabó el tocamiento, lo que aumentó la indignación ciudadana al evidenciar un comportamiento deliberado y burlesco. La difusión del video encendió las redes sociales y provocó una condena masiva desde distintos sectores de la ciudad.
Ciudadanos, líderes comunitarios y organizaciones rechazaron de manera contundente lo ocurrido y coincidieron en un punto central: nadie puede tocar el cuerpo de otra persona sin su consentimiento, sin importar si se trata de un político, un ciudadano común o una figura pública. “Esto no es una broma, no es folclor, no es alegría caribe: es una agresión”, señalaron varios pronunciamientos ciudadanos que circularon tras el incidente.
- Un límite que no admite excusas
El caso volvió a poner sobre la mesa una discusión incómoda pero necesaria: el contacto físico no consentido no puede seguir siendo relativizado ni minimizado, mucho menos en espacios públicos y turísticos donde la convivencia debería ser un principio básico.
Voceros comunitarios advirtieron que normalizar este tipo de conductas abre la puerta al abuso, al irrespeto y a una peligrosa tolerancia social frente a la invasión del cuerpo ajeno. En ciudades como Cartagena, dijeron, la alegría y la cercanía no pueden convertirse en excusas para cruzar límites.
- Indignación que no se apaga
Hasta el momento, las autoridades no han informado sobre decisiones oficiales relacionadas con el caso. Sin embargo, el episodio sigue generando un intenso debate público sobre respeto, convivencia y dignidad humana. Para muchos, lo ocurrido no es un simple escándalo pasajero, sino una señal de alarma: hoy fue un exalcalde, mañana puede ser cualquier ciudadano.



