Lo ocurrido en las ultimas horas en Sincelejo no fue un hecho fortuito ni imprevisible. Fue la materialización de un riesgo conocido, advertido y, durante meses, ignorado. Un vehículo cayó al vacío en el puente sobre el arroyo “El Pintao”, en la Troncal de Occidente, dejando cuatro personas heridas. Los organismos de socorro atendieron la emergencia y trasladaron a los lesionados a centros asistenciales, mientras el automóvil era recuperado desde el fondo del cauce. La reacción fue inmediata. La prevención, en cambio, brilló por su ausencia.
Este puente acumula más de 18 meses en evidente estado de deterioro. Grietas, desgaste estructural y una señalización deficiente han sido denunciados reiteradamente por la comunidad. No se trata de una falla sobrevenida; es un problema progresivo que fue escalando ante la mirada de todos. Cada día sin intervención representó un incremento del riesgo para quienes transitan por uno de los corredores viales más importantes de la región.
Paradójicamente, este medio preparaba un reportaje sobre el crítico estado de la estructura cuando se produjo el accidente. Lo que pretendía ser una alerta preventiva terminó convirtiéndose en la confirmación de los temores ciudadanos.
La ciudad atraviesa jornadas festivas: luces, música y celebraciones marcan la agenda pública. Sin embargo, mientras el ambiente invita a la parranda, cuatro familias enfrentan la angustia de un siniestro que pudo evitarse. La infraestructura no entra en receso. El deterioro tampoco.
El hecho reabre una discusión inaplazable: la responsabilidad de las autoridades competentes en la supervisión, mantenimiento e intervención de la vía. ¿Qué acciones concretas adoptará el Invías? ¿Cuál es el plan de contingencia de la administración municipal? ¿Se requieren víctimas fatales para que la gestión pase del diagnóstico a la ejecución?
No se trata de señalar culpables sin fundamento, sino de exigir rendición de cuentas y cronogramas verificables. La gestión del riesgo no puede reducirse a declaraciones posteriores a la tragedia. Señalización adecuada, intervención estructural y monitoreo técnico permanente son obligaciones inherentes a la función pública.
Hoy el saldo es de cuatro heridos. Mañana podría ser irreparable. Cuando el peligro es evidente y las advertencias han sido constantes, la inacción deja de ser descuido y empieza a parecer omisión. La advertencia estaba hecha. El riesgo era conocido. La pregunta ahora no es qué ocurrió, sino por qué no se actuó a tiempo.



