Este domingo 8 de marzo, Colombia acudirá nuevamente a las urnas para elegir a sus representantes al Congreso. Será una jornada decisiva para el rumbo político del país. Sin embargo, en el departamento de Bolívar la sensación predominante no es entusiasmo ni expectativa de renovación, sino desencanto. Las listas a la Cámara de Representantes por esta región parecen confirmar que la política local continúa atrapada en los mismos apellidos, las mismas maquinarias y los mismos cuestionamientos de siempre.
En la lista del Partido Liberal Colombiano a la Cámara por Bolívar, el control político tiene nombre propio: el senador Lidio García. Bajo su influencia se conformó una lista que, lejos de proyectar renovación, consolida la continuidad de figuras que ya han tenido su oportunidad sin mostrar resultados significativos.
Allí aparece el actual representante Silvio Carrasquilla, oriundo de Turbaco, quien aspira a un tercer periodo en el Congreso. Su trayectoria legislativa no registra iniciativas de alto impacto ni proyectos transformadores que hayan beneficiado de manera clara a su municipio o al departamento. En su caso, la reelección parece responder más a la lógica de la maquinaria política que a un balance positivo de su gestión.
También integra la lista Yolanda Wong, una figura ampliamente conocida en el escenario político cartagenero. Su carrera ha estado ligada a la burocracia y a alianzas estratégicas con el poder local. En esta contienda se ha señalado insistentemente el respaldo político que habría recibido desde el Palacio de la Aduana, sede del gobierno distrital de Cartagena. Esta cercanía con la administración local genera interrogantes sobre la independencia política y el posible uso de estructuras institucionales como plataforma electoral.
A la ecuación liberal se suma Dayro Bustillo, recordado por su paso por la Cámara de Representantes entre 2002 y 2006, periodo en el que llegó al Congreso impulsado por la controvertida empresaria del chance Enilce López, conocida como “La Gata”, bajo el aval del partido Colombia Democrática, colectividad que posteriormente quedó marcada por escándalos relacionados con el paramilitarismo. Ese pasado revive inevitablemente el debate sobre las conexiones históricas entre el poder político y estructuras cuestionadas.
Hoy Bustillo regresa al escenario electoral mientras su entorno familiar mantiene presencia en la administración distrital. Su hijo, Dayro Bustillo Alvarado, conocido como “Yayito”, ocupa un espacio dentro del despacho del alcalde de Cartagena, lo que vuelve a poner sobre la mesa el debate sobre redes de poder y concentración de influencia política.
En la misma lista figura José Luis Osorio, cuya trayectoria ha sido objeto de críticas por sus cambios de postura política. En democracia, evolucionar ideológicamente no es un delito; sin embargo, cuando esos giros parecen responder más a conveniencias electorales o apoyos coyunturales que a convicciones programáticas, la credibilidad se debilita. Bolívar necesita agendas claras y liderazgos coherentes, no candidaturas moldeadas por acuerdos momentáneos.
Si el panorama liberal genera inquietudes, la lista del Partido Conservador Colombiano no ofrece mayor alivio. En ella confluyen herencias políticas vinculadas a escándalos del pasado, estructuras familiares dominantes y cuestionamientos éticos que han acompañado durante años a sectores tradicionales del departamento.
Entre los aspirantes se encuentran Miguel Montes Curi y Andrés Montes, familiares del exsenador William Montes, cuyo nombre quedó ligado al escándalo de la parapolítica tras comprobarse su participación en el denominado Pacto de Ralito, firmado con jefes de las Autodefensas Unidas de Colombia. Ese episodio le costó la pérdida de su curul, una condena de ocho años de prisión y su inhabilidad política. Que hoy sus herederos aspiren al Congreso revive el debate sobre la persistencia de esas estructuras en la política regional.
El conservatismo bolivarense también gira alrededor de la figura de Vicente Blel Saad, conocido como “El Barbas”, condenado por vínculos con el paramilitarismo y por hechos de corrupción. En su órbita aparecen candidaturas como la de Juliana Aray, su hija adoptiva; María Paula Caballero, hija del concejal David Caballero; y Alonso del Río, quien ha enfrentado cuestionamientos por presuntos hechos de fraude electoral en procesos anteriores. La concentración de candidaturas en círculos cercanos a un mismo líder político alimenta la percepción de nepotismo y control de los avales como si se tratara de un patrimonio familiar.

El componente de parentesco se refuerza con la aspiración de María Camila Salas, respaldada por su cuñado, el actual gobernador de Bolívar, Yamil Arana Padauí, cuyo ascenso político ha estado vinculado al grupo de Blel. Aunque el apoyo familiar no constituye ilegalidad, sí profundiza la percepción de que el poder público en el departamento gira en torno a alianzas cerradas donde los apellidos pesan más que las propuestas.
El problema de fondo no es únicamente quiénes integran las listas, sino lo que representan: la continuidad de prácticas políticas que han limitado la renovación democrática en Bolívar. La representación en el Congreso debería servir para impulsar reformas, gestionar recursos y defender los intereses regionales. Sin embargo, cuando las candidaturas se perciben como fichas de estructuras tradicionales, el mensaje para la ciudadanía resulta desalentador.
Bolívar enfrenta desafíos enormes: pobreza persistente en zonas rurales, crisis de servicios públicos en Cartagena, inseguridad creciente, desempleo juvenil y un déficit histórico en infraestructura vial. La pregunta inevitable es si las listas actuales están realmente a la altura de esos retos o si responden, principalmente, a la lógica de preservar cuotas de poder.
En Bolívar, más que una elección, lo que está en juego es la posibilidad de romper con una inercia política que se ha prolongado por décadas. Si esa ruptura no ocurre, el balance de esta jornada podría resumirse en una frase amarga, pero cada vez más repetida por los ciudadanos: un departamento sin esperanza con sus candidatos.



