Reorganizado el tablero legislativo tras las recientes elecciones al Congreso, Colombia empieza ahora a dirigir su brújula política hacia el escenario que realmente definirá el rumbo del país: la contienda presidencial. Con el nuevo Congreso ya conformado —pieza clave para la gobernabilidad de cualquier administración— comienzan a perfilarse con mayor claridad las figuras que aspiran a ocupar la Casa de Nariño.
En medio de un ambiente cargado de polarización ideológica, tres nombres empiezan a concentrar buena parte del debate político nacional: Paloma Valencia, como representante del Centro Democrático; Iván Cepeda, figura emblemática de la izquierda; y Abelardo de la Espriella Otero, empresario y abogado que irrumpe como outsider desde su movimiento Firmes por la Patria. Tres propuestas, tres estilos y tres visiones claramente distintas de país.
La senadora Paloma Valencia llega a esta contienda con una ventaja evidente: representa una estructura política consolidada. El Centro Democrático, pese a las dificultades que ha enfrentado en los últimos años, continúa siendo una de las fuerzas más organizadas dentro del espectro político colombiano.
Valencia ha señalado que evalúa cinco posibles nombres para conformar su fórmula vicepresidencial. La decisión no es menor. En un momento de fuerte polarización, la escogencia del vicepresidente puede convertirse en un factor determinante para ampliar el alcance electoral de una candidatura.
Entre los nombres que suenan con mayor fuerza aparece Juan Daniel Oviedo, quien obtuvo un destacado segundo lugar en las recientes consultas políticas. Oviedo representa un perfil técnico, moderno y con reconocimiento en la gestión pública. Su eventual designación podría enviar un mensaje de renovación dentro de la derecha colombiana.
Si finalmente Oviedo no acepta una fórmula vicepresidencial, su futuro político podría orientarse hacia la Alcaldía de Bogotá, un escenario donde su perfil técnico y su posicionamiento público podrían convertirlo en un candidato altamente competitivo.
En cualquier caso, Paloma Valencia enfrenta un desafío importante: demostrar que la derecha colombiana es capaz de renovarse, presentar propuestas claras y evitar los errores estratégicos que en los últimos años han debilitado su narrativa frente al electorado.
En el otro extremo del espectro político aparece Iván Cepeda, figura histórica de la izquierda colombiana y uno de los dirigentes más cercanos al proyecto político que actualmente gobierna el país. Cepeda ya anunció que su fórmula vicepresidencial será la senadora indígena Aída Quilcué, una decisión que apunta a mantener la estrategia electoral que llevó al actual gobierno al poder: fortalecer el respaldo de sectores sociales históricamente marginados.
No se trata de una fórmula inédita. El actual presidente utilizó una estrategia similar al escoger como fórmula vicepresidencial a Francia Márquez, con el propósito de movilizar el voto de comunidades afrodescendientes. Los resultados de esa apuesta política hoy hacen parte del debate público nacional.
En el caso de la senadora Quilcué, su trayectoria está ligada principalmente a la defensa de derechos humanos y a la representación de comunidades indígenas. Sin embargo, más allá de ese activismo social, también surgen interrogantes sobre su preparación y experiencia para asumir responsabilidades de alto nivel dentro del Ejecutivo.
La memoria pública también recuerda episodios polémicos recientes, como el incidente ocurrido durante un retén militar que derivó en un enfrentamiento verbal con miembros del Ejército y terminó convertido en un típico episodio del conocido “¿usted no sabe quién soy yo?”. Situaciones de este tipo inevitablemente alimentan el debate sobre el carácter y la idoneidad de quienes aspiran a ocupar posiciones de liderazgo nacional.
- Abelardo de la Espriella: el outsider que irrumpe
Quizá la figura más inesperada dentro de esta contienda sea Abelardo de la Espriella Otero, abogado, empresario y líder del movimiento Firmes por la Patria, quien ha logrado posicionarse como una alternativa outsider dentro del escenario político colombiano.
En un país donde el desgaste de las estructuras políticas tradicionales es cada vez más evidente, la aparición de figuras independientes suele captar la atención de sectores ciudadanos que buscan alternativas distintas a los partidos tradicionales.
De la Espriella ha elegido como fórmula vicepresidencial al economista y exministro José Manuel Restrepo, una decisión que puede interpretarse como un intento de equilibrar el discurso político con un perfil técnico capaz de generar confianza en sectores empresariales y financieros.
Restrepo, reconocido por su paso por el Ministerio de Hacienda y por su trayectoria académica, aporta a la fórmula un componente de credibilidad económica e institucional, algo especialmente relevante en un momento en que el país enfrenta importantes desafíos en materia fiscal, crecimiento y estabilidad económica.
La reorganización del Congreso deja un escenario político en el que ninguna fuerza tiene control absoluto. Esto significa que cualquier presidente que llegue a la Casa de Nariño necesitará capacidad real de diálogo y de construcción de mayorías legislativas.
Por esa razón, la elección presidencial no puede reducirse a una simple disputa ideológica. Colombia enfrenta problemas estructurales en seguridad, economía, empleo e institucionalidad que requieren liderazgo, preparación y visión de Estado.
En este contexto, la reflexión que debe hacer el país es simple, pero profunda: Colombia no necesita más improvisación. Necesita liderazgo serio, preparación real y propuestas capaces de responder a los desafíos de una nación compleja. Como reza el viejo dicho popular que da título a esta columna: “Por la sotana se conoce al cura.”
En política, como en la vida, los liderazgos no se definen únicamente por lo que prometen, sino por lo que realmente son capaces de demostrar a través de su trayectoria, sus ideas y su capacidad para gobernar y en esta contienda presidencial, los colombianos tendrán que mirar con atención no solo los discursos, sino también la verdadera sustancia de cada candidato.



