Los brotes epidémicos de enfermedades infecciosas, como el Covid-19, causan miedo e incertidumbre, que derivan en distintos grados de estrés sobre la población general.
Los psiquiatras pueden jugar un papel importante, apoyando la reducción del estrés y el bienestar de los pacientes y familias; también el del personal sanitario y el público en general.
Los brotes de enfermedades infecciosas desencadenan una gama de respuestas psicológicas y conductuales que oscilan entre la normalidad y las crisis. Razón por la cual resulta de suma importancia informar a los pacientes sobre las respuestas más comunes, como insomnio, ansiedad, miedo a la enfermedad o deseo de aumentar el consumo de alcohol, tabaco y otras drogas.
Existe el riesgo de que algunos desarrollen síntomas de estrés postraumático o incrementar el uso de sustancias sea más alto. Los niños y los adolescentes pueden experimentar regresión, aislamiento social o comportamientos agresivos, todos los cuales pueden ser subvalorados o malinterpretados por sus cuidadores, quienes podrían calificarlos como “artistas” y considerar que están «actuando».
Educar a los pacientes sobre cómo reducir el estrés, conservar sus hábitos de sueño y dormir lo suficiente, así como procurarse una alimentación regular y hacer ejercicio, contribuye a preservar o restituir las conductas de auto gestión de su bienestar. Es fundamental enfatizar en la importancia de conservar e incrementar la conexión con amigos y familiares, a través de las redes sociales.
- Recomendar a los pacientes prestar atención a las fuentes informativas de mayor confianza, como los Centros de Control y Prevención de las Enfermedades, los ministerios y secretarias de salud nacionales y regionales, para evitar el efecto ansiogénico y desestructurante que tienen las noticias falsas.
- Recomendar a los pacientes limitar el tiempo de exposición a la explotación noticiosa y alarmista que hacen algunos medios sociales de la pandemia. Exponerse al tsunami noticioso de diferentes fuentes frecuentemente se asocia a niveles más altos de malestar y de angustia.
Los psiquiatras y equipos de salud mental pueden desempeñar un papel importante si asumen la responsabilidad de optimizar la salud mental de la población, desarrollando actividades de educación interdisciplinaria, atención de interconsultas y colaboración con sus colegas para identificar oportunamente los trastornos psicológicos y psiquiátricos que van e irán en aumento aun después que se aplane la curva de contagio. Los pacientes que no están infectados y experimentan angustia relacionada con la enfermedad, tienen preocupaciones validadas y respetables.
Ameritan también atención, en vez de rechazo, y deben recibir terapias de apoyo y cognitivo conductual para que incorporen más recursos adaptativos, que les permita afrontar la crisis con mayor eficacia.
Los psiquiatras pueden educar a los líderes, para que estos después lo repliquen en sus comunidades, comenzando por ayudarlos a comprender los efectos psicológicos y conductuales de los brotes y pandemias.
Conocer las fases predecibles de la respuesta de la comunidad y los principios de la preparación para la respuesta, es de fundamental importancia. El riesgo real que la pandemia representa para la salud y la crisis comunicativa que se desata, a veces paralizante, son hechos que debemos conocer para anticipar una respuesta concertada, coherente y efectiva, reduciendo así el malestar comunitario.



