Entristece, con un nudo en la garganta ver las atrocidades perpetradas por miembros activos del ejército nacional contra una niña de 11 años de edad, sola en los parajes, indefensa, inocente, confiada de sus fuerzas armadas, paseándose alegre en su territorio olvidado, sin oportunidad de crecer segura, en su entorno vigilada por las montañas consideradas zona de conflicto armado, protegida por el DIH, los que estaban obligados a cuidarla, se endiablaron, la crueldad tocó sus puertas y trágicamente el pasado 22 de junio, día de los abogados apareció una paradoja para analizar este atroz crimen.
Su cuerpecito débil, puro, en desarrollo, fue secuestrado, ultrajado por 6 desalmados y un cómplice bellaco observando los vejámenes, increíble que ninguno de ellos, lo haya impedido para salvar esta criatura de Dios, no tendrán su perdón; dejando la sensación de estar bajo efectos de sustancias alucinógenas, no enfermos mentales colectivos, no se explica, no tiene sentido, ¿Qué les pasó a estos jóvenes que prestaban su servicio militar? El demonio se les metió, perjudicaron de por vida a la niña, a su humilde familia.
Escuchen bien bandidos, son delincuentes, no soldados, nunca lo fueron, el que los reclutó debe estar arrepentido, forjó unos monstruos contra una sociedad que debían proteger, no lo hicieron, son peor que las guerrillas y aquellos delincuentes que arruinan esos territorios, deshonraron la institución castrense, que es la más querida por los colombianos, difícil será recuperar la confianza perdida de los pobladores y entablar de nuevo una relación sana.
El daño es incalculable, urge establecer responsabilidades políticas, revisando perfiles desde el Ministro de Defensa hasta el recluta, porque la línea de mando, así lo exige, no es hora de hacerse los locos, hubo omisión, fallaron los controles de superiores, así es la milicia, por uno pierden-ganan todos, es solidaridad de cuerpo ¿Los filtros?
La Fiscalía General de la Nación, a través de su delegado, imputó cargos contra estos 7 bandidos por el delito suave de Acceso Carnal Abusivo en Menor de Catorce Años (en calidad de coautores 6 y cómplice 1), es decir, la niña dijo carnalmente a sus violadores, “Vengan soldados, viólenme 6 y tu quédate observando”.
El sentido común, controvierte este exabrupto, traduce en locura investigativa y pésimo negocio, queda mal la fiscalía, prefirió celeridad en resultados, retratar públicamente a los responsables confesos, en vez de irse a juicio con el acervo probatorio suficiente, adecuando las conductas típicas reales, así sea más demorado.
Entre tanto, tenemos a una niña víctima, revictimizada, faltó decir, que la impúber era “Prostituta reconocida en la región”, para ponerle la cereza al postre. Queda la familia destrozada e impotente, esperando a un valiente juez haga el milagro, decrete nulidad de lo actuado, ordene visibilizar los verdaderos hechos y delitos comisivos por estos degenerados, teniéndoles que caer la aplanadora articulación penal capaz de marcar precedentes.
¿Valió la pena impulsar ley de cadena perpetua a violadores de niños, si cuando llega el momento, atenúan los delitos torciendo el pescuezo?
El Ejército debe hacer un revolcón para evitar seguir en estas andanzas diabólicas, recupere pronto confianza de la población en la región, será difícil, porque no puede convertirse en enemigo del pueblo. Exigimos firmeza penal y renuncias de comandos antiéticos “Ajua”.



