¡Cuántos problemas nos evitaríamos si hubiéramos desarrollado de manera apropiada las habilidades para la vida! No nacemos con estas destrezas, son aprendidas, entre más pequeños las aprendamos, mejor, las escuelas y el hogar son los espacios ideales para enseñarlas. A los niños, niñas y adolescentes les permiten afrontar de manera eficaz las exigencias (retos, desafíos, problemas) de la vida diaria (OMS), se constituyen en factores protectores de la salud mental y ayudan a generar bienestar.
Fíjense que algunos niños tienen baja tolerancia a la frustración, no saben enfrentar el fracaso escolar, pueden ser poco tolerantes con las personas que tienen alguna diferencia, por ejemplo, en relación con la raza, o la etnia, o con otros niños que tienen condición de discapacidad, que profesan otra religión o que son gorditos, o flaquitos, en fin, se sienten incómodos cuando interactúan con alguien diferente a ellos.
Cuando llegan a la adultez, esos niños no toleran que alguien piense de manera diferente, pueden ser muy agresivos y el asunto es que no se dan cuenta y piensan que el resto están equivocados.
Las habilidades para la vida más importantes son: la capacidad de tomar decisiones y ser asertivo/a, la habilidad para resolver problemas, la capacidad de pensar en forma creativa, crítica y para comunicarse en forma efectiva, también está la habilidad para establecer y mantener relaciones interpersonales, para conocerse a sí mismo, para establecer empatía, manejar las propias emociones, y las tensiones o el estrés.
Como yo lo veo, su utilidad radica en que nos permite responder de manera adaptativa y flexible ante situaciones difíciles, a aprender a evaluar alternativas de solución frente a un problema y a decir no cuando es necesario; esto parece fácil pero no lo es, especialmente para los adolescentes que están sometidos a la presión de grupo, claro, esto no quita el hecho de que “las malas compañías echan a perder los hábitos útiles” (no lo digo yo, lo dice la biblia en 1Corintios, 15,33) y que, como padres, debemos tratar de evitarles la exposición a situaciones de riesgo.
El punto es que si enseñamos a nuestros niños y niñas estas destrezas tempranamente podrán ser más constructivos y resolver conflictos, visualizar las consecuencias de sus acciones, ejercer autocontrol emocional y en general se relacionarán positivamente con los demás y adicionalmente adquirir responsabilidad social, que contribuye a la paz y la buena ciudadanía.
Otro aspecto importante es que les enseña a hacer valer sus derechos de manera pacífica, a hacer frente al acoso, la discriminación y otras formas de violencia, mejoran la autoestima, la autoconfianza y el desempeño escolar.
¿Cómo se enseñan? Me parece que contarles historias a los niños y niñas puede ser útil, inventemos relatos que cuenten situaciones problemáticas, y les preguntamos que harían ellos si estuvieran en esa situación, nosotros les hacemos ver cuáles pueden ser las consecuencias de ciertos actos y así les ayudamos a ver cuál es la decisión más acertada en cada caso. ¿Qué les parece?




