Es casi que ridículo ver como los cambios en un medio de comunicación generan tanta opinadera en redes sociales en Colombia. Peor aún, otros medios y sus periodistas enfilan preguntas para tratar de acabar con la persona que un empresario considera idónea para comandar su proyecto, la situación es de no dar crédito. De cuando acá los propietarios de las compañías, sea cual sea su nicho, están en la obligación de justificar porqué nombran a alguien. Si es claro, son sus inversiones, eso les da licencia de nombrar a quien se les antoje.
Increíble ver que medios devoren medios en momentos tan coyunturales y de cambio. Que renunciaron todos los que antes conformaban un proyecto, ¿y qué? están en su derecho, algunos ven el hecho como el fin de algo, y, ¿qué tal que sea el principio? Una renuncia colectiva de nombres reconocidos, para algunos, suena más a estrategia de desprestigio, que a precedente. Y para otros suena a precedente y no a estrategia de desprestigio.
Los auto-considerados grandes héroes del periodismo en Colombia fungen de imparciales por el simple hecho de atacar al bando que les brinda tráfico (en redes). La imparcialidad no existe, es que ni en lo más intimo de nuestro corazón podemos serlo, la identificación es algo que ocurre en los seres humanos desde la infancia, y no tiene nada de malo o de bueno, unos prefieren una cosa y otros otra. Unos pueden ver sabiduría en el rey Salomón, y otros en cambio, verán el amor de un padre que prefirió perder a su hijo que verlo partido por la mitad. Aquí ya tendríamos bebés a mitades a dos manos y reyes Salomón encarcelados por crueles, miento, los reyes tienen inmunidad.
Ojalá lleguemos a la madurez en materia de comunicación algún día, pero si en Colombia llueve en el mundo no escampa. Aquí desde Antonio Nariño y su Bagatela, creo que no hemos podido avanzar, no lo digo por los reporteros ante quienes me quito el sombrero, lo digo por los que detrás de un teclado y en la comodidad de su casa, con café caliente, agarran las líneas para dar garra, o debería decir, agarramos.
En un acto de contrición honesto ninguno nos atreveríamos a tirar la primera piedra. Pero que va, necesitamos del espectáculo, ya no hay corridas de toros y el coliseo romano si que está más que clausurado. Acabemos con palabras, reventemos con ella que no pasa nada. Y opinando NO cambiamos el mundo. Cansamos, desgastamos y polarizamos.
De hecho no sé ni para que escribo esto, si es que como dije, no cambiamos nada. Todos nos equivocamos, por eso los lápices traen borrador, reza el adagio. Y todos tenemos derecho a hacernos opiniones de los demás, lo que no tenemos derecho es a encarnizarnos en contra de nadie, pero entiendo que somos seres en evolución y que aunque tenemos menos guerras que antes, está en el ADN humano la controversia y el canibalismo.
Ojalá gastemos más energía de la creadora y de la que se emplea sintiéndonos felices por lo bueno que le pasa a los demás, y podamos quitarle así peso a la energía destructiva, que por el contrario, carcome y no aporta. Larga vida a Revista Semana y a su renovado equipo. Y larga y prospera vida a todos los medios de comunicación. Porque la función debe continuar en este teatro que se llama vida.




