Los elementos culturales de la Navidad se encuentran relacionados con escenarios geo-culturales que son disímiles con el entorno que rodea a personas que vivimos en países tropicales y otros con características distintas a las que son promocionadas en estos tiempos. Debemos tener identidad frente a las festividades que nuestra tradición occidental celebra cada año y adaptar nuestras prácticas a los factores que son propios del ambiente en el cual se desenvuelven nuestras vidas.
Diciembre es el mes donde el mundo celebra la Navidad. Esta festividad tiene como propósito recordar el nacimiento de Jesucristo como el redentor de los pecados de la Humanidad, para que todo aquel que en él crea no muera, sino que tenga vida eterna. Debe ser un tiempo de reflexión espiritual, recogimiento y unidad familiar, aunque, desafortunadamente, para muchos no es más que un tiempo para desatar sus pasiones. Bien decía el Profeta Ezequías: “han profanado mis cosas sagradas”.
Más allá de la disciplina espiritual que algunos puedan tener o que otros puedan rechazar, lo cierto es que a lo largo de la historia las celebraciones de Navidad han sido permeadas por elementos culturales que son propios de algunas sociedades que han adaptado sus entornos a la celebración que se realiza en este tiempo. En términos concretos, los países que se encuentran en el hemisferio norte conciben esta festividad en su contexto cultural, donde se pueden observar elementos como el invierno (nieve), ropaje apropiado para esa estación, especies de árboles como pinos o abetos, chimeneas, masmelos con chocolate caliente y hasta la figura de San Nicolás convertida en un anciano nórdico y apoyado por unos seres que parecen duendes.
Todas esas expresiones culturales son hermosas, pero algunas de ellas no se ajustan al contexto de personas que también festejan esta temporada y que viven en países ubicados en hemisferios donde la realidad es distinta. En el caso particular de los países latinoamericanos, especialmente los que se encuentran sobre la Línea del Ecuador o cercanos a ella, la gente acoge esas expresiones como si en su entorno ello ocurriera de la misma forma. Sin embargo, es necesario seguir el ejemplo de esos otros países y adaptar la Navidad a los elementos que son propios de los escenarios en los cuales se desenvuelve la vida de las personas.
En Colombia, podrían tomarse los árboles más representativos de cada región con el propósito de ser la referencia navideña que decore los hogares colombianos. Entre otras especies, la Bonga, el Roble o la Acacia pueden reemplazar los pinos o abetos nórdicos y ser decorados con elementos que sean propios de cada cultura, sin que sea necesario utilizar algodón para dar la impresión sobre ellos ha caído una nieve que nunca se verá en estos lugares. Asimismo, la moda navideña en los países tropicales debería evolucionar y ofrecer un ropaje ajustado al clima caliente o templado, para que de esa forma se pueda concebir esta temporada como una celebración acorde con nuestro entorno.
Lo anterior hace parte de algunas referencias que podrían empezar a acomodarse al entorno de cada país y que pueden ayudar a enriquecer las expresiones culturales de la Navidad, para de esa forma imprimir autenticidad a esta celebración.




