“Make América great again”, vociferaba Donald Trump, cuyo clamor nos ponía a pensar en una redención económica y política del continente, entre ellos Colombia. “Volver hacer grande a América” no era una tautología, lo que el “Mono” quiso decir era que “quería hacer grande a los Estados Unidos”, pero partimos de la idea que se refería a los “gringos” o estadounidense como es su verdadero gentilicio y “apartarla del socialismo o comunismo”. Sus discursos guerreristas, xenófobos, racistas y antisistema, era la muletilla para “volver hacerla grande” y seguir ostentando el poder en el país de “la mejor democracia del mundo”
Se había olvidado el díscolo mandatario, que su pertinaz lenguaje de “Grande” había despertado la población en sus cincuenta estados, clamando por un cambio radical en lo obsoleto y frágil de su sistema democrático. De “grande”, quedaba muy poco, donde el sistema nos había vendido la mala idea que contaban con la mejor democracia. Ella, como tantas otras formas de imposición de ideologías y fuerzas coercitivas, se han desvanecido y convertidos en sofismas. Lo que intentaba con su política extrema, era la de perpetuarse en el mando, cuando lanzaba insinuaciones psiquiátricas de que estaba “locamente enamorado del poder” hasta el punto de insinuar que haría trisas la constitución para gobernar por tres o cuatro periodos más.
Los sucesos de violencia extrema acecidos por la ultraderecha americana e incitada por Trump al no aceptar los resultados electorales, la noche del miércoles 6 de Enero del 2021, no son nuevos, recordemos que durante la campaña presidencial de 2016, amenazó con no aceptar los resultados electorales si resultaba ganadora la demócrata Hillary Clinton. Ahora, fueron tan graves que la alcaldesa de Washington declaró el toque de queda ya que, desafortunadamente se habían registrado cuatro muertos, 14 heridos y al menos 52 detenidos
¿Y cuál es la razón para asegurar que no es la mejor democracia del mundo? Es sencilla la respuesta, La calidad del sistema político estadounidense ha permanecido en deterioro desde la constitución de 1787, como lo asegura la Unidad de Inteligencia Económica de ‘The Economist’, donde asegura que “ya no puede considerarse una democracia plena, en sus análisis del Índice Anual de Democracia en EEUU, donde la han degradado de una democracia plena a una democracia con problemas”
La razones pululan al doquier, desde la citada constitución, donde se estableció “una elección presidencial indirecta en una sola ronda”, fue montada por los politicastros de la época, pero la verdad oculta ha salido a flote cundo se descubierto que fue una diabólica combinación en la que se involucraba un sufragio de los estadunidenses, pero amarrado a los votos electorales. Los Demócratas y Republicanos, al detectar éste aspecto antidemocrático, los ha llevado a presentar un sinnúmero de enmiendas para modificar o abolir el código electoral
Como recorderis, podemos trasladarnos a 1824 con la disputa del poder entre John Quincy Adams en contra de Andrew Jackson y la reciente entre Hillary Clinton y Donald Trump, donde éste último ganó las elecciones con casi tres millones de votos menos. Este fenómeno no es nuevo en USA y ha sucedido por lo menos en cinco oportunidades.
Para reafirmar que no es la “mejor democracia del mundo”, hacemos memoria a los “insucesos” vividos en la Florida en la elecciones del 2000, donde misteriosamente congelaron el conteo de votos, cuando Al Gore aventajaba a nivel nacional a Busch por unos 500 mil mal contados sufragios, pero por efectos de esos avatares que hoy se discuten en dicho país, y luego de dos meses de conteo misterioso, ganó en la Florida y esos votos electorales le sirvieron para ser electo presidente de los EE.UU. de América.
Hoy en día y después de muchas negativas y resistencia a la entrega del poder, y producto del denigrante y bochornoso espectáculo del Capitolio, Trump le ordenó a su asesor Dan Scavino que divulgara un comunicado a través de Twitter, que decía: “Aunque estoy completamente en descuerdo con el resultado de la elección, y los hechos me respaldan, en cualquier caso habrá un transición ordenada el 20 de enero».
Lo que nos da un pequeño aire de consolación, es que el país del norte no es el único con un sistema electoral obsoleto. En Colombia la corrupción, tanto en el Consejo Nacional Electoral, como en la Registraduría Nacional del Estado Civil, ha estado enquistada desde nuestra constitución de 1886 y la de 1991. Es necesario depurar la identidad de las personas, excluyendo a los muertos que también votan, colombianos con doble identidad, los dobles registros con la trashumancia, militares votando, en fin nuestro organización electoral, no garantiza que el proceso electoral sea limpio y transparente. El gobierno debe liderar vía congreso las reformas al código electoral y evitar “micos” para seguir con las prácticas dañinas que han rodeado el proceso en cada etapa electoral
La democracia en el país del norte está en entredicho, esperamos sus reformas…




