Desde que comenzó la pandemia causada por la Covid-19 hemos sido bombardeados con mucha información (y desinformación) acerca de sus síntomas, mecanismos de prevención, estadísticas, vacunas y consecuencias; sin embargo, poco se habla de los efectos físicos y sicológicos de esta enfermedad en quienes han sido dados de alta.
Diferentes estudios a lo largo del planeta han identificado que tras el anuncio de su recuperación, un altísimo porcentaje de personas desarrollan secuelas (entre 70 y 80 %) como pérdida de peso; alteraciones gastrointestinales; tos persistente, especialmente en pacientes con predisposición asmática; sensación de falta de aire; pérdida de olfato y gusto; dolores de cabeza y musculares y debilidad.
Además, organizaciones como la Sociedad Española de Medicina Interna, la MEDIAN Klinik Heiligendamm, el Texas Medical Center y la Sociedad Española de Psiquiatría, entre otras, han estudiado y registrado una gran variedad de afectaciones físicas y sicológicas adicionales.
Es el caso de las fibrosis, que disminuyen la capacidad pulmonar para transportar oxígeno y gases; lesiones de miocardio y arritmias; trombos y secuelas cardiovasculares que podrían provocar una embolia; encefalopatías necrotizantes agudas; trombofilia, que puede derivar en derrame cerebral; vasculopatías infecciosas y, en menor grado, aunque no descartables, crisis epilépticas y déficits neurológicos.
Por su parte, la inmunidad cruzada contribuye a la aparición del síndrome de Guillain-Barré, que dificulta andar y moverse, o el cuadro de Miller Fisher, que hace que el paciente no pueda mover los ojos y tenga inestabilidad.
Las secuelas cardiológicas a mediano plazo aún no han sido determinadas; sin embargo, se han detectado miocarditis, enfermedades coronarias, insuficiencias cardiacas, elevaciones de los marcadores de daño miocárdico y muerte súbita.
La piel también se ha visto afectada con mayor o menor intensidad y gravedad, debido principalmente a la afectación vascular. Entre sus principales padecimientos están la pérdida agresiva de cabello, urticarias persistentes y diferentes grados de necrosis, desde pequeñas cicatrices hasta necrosis de dedos, pies o manos completos, cuya gravedad puede ocasionar consecuencias tan profundas como quedarse sin ellos, según señala la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV).
Asimismo, los tratamientos también dejan secuelas. Además de los efectos secundarios de los medicamentos, quienes han estado en tratamiento con ventilación mecánica podrían desarrollar Vili (Ventilator-Induced Lung Injury: Lesión Pulmonar Inducida por el Ventilador, en español), un daño que ocasiona que la función pulmonar disminuya a menos del 50 %.
Finalmente, algunas de las secuelas sicológicas y siquiátricas observadas son: cuadros de agotamiento, confusión, inconsciencia prolongada, depresión, ansiedad, estrés postraumático, pérdida de capacidad cognitiva e, incluso, en algunos casos, paranoias y alucinaciones; sumadas a la posibilidad de que el contagio por Coronavirus aumente el riesgo de desarrollo y la aceleración de enfermedades neurodegenerativas como Alzhéimer, Párkinson o Esclerosis Múltiple, según señala el Equipo Internacional de Investigación de la COVID-19.
Muchos de estos síntomas son transitorios y desaparecen tras algunas semanas, aunque podrían reaparecer meses después de la recuperación y hacer necesaria una nueva hospitalización, incluso en aquellos cuyos síntomas durante la enfermedad fueron leves.
Es temprano para conocer todas las posibles consecuencias a largo plazo de la Covid-19, si bien la escala global de esta pandemia indica que miles de personas convivirán con ellas y el impacto para su salud física y mental podría persistir por años. Esto no es un juego.

